Opinión

con nombre propio

Matar por Dios

Alejandro Balsells Conde

Alejandro Balsells Conde

Hay en la historia infinidad de guerras por motivos religiosos. Cristianos, judíos y musulmanes tenemos en nuestra mochila millones de muertos en nombre de Dios y ahora con las masacres en Beirut y París debemos buscar las causas porque nadie es ajeno a ellas.

Las guerras religiosas son las más difíciles de terminar porque no acaban al izar una bandera o alcanzar un territorio, para nada; se firma la tregua cuando la contraparte “jura” fidelidad a un Dios extraño e impuesto por las fuerza, originándose un ciclo de “paz” pero acompañado de un nuevo proceso de insurgencia y clandestinidad para adorar al “Dios derrotado” y corre y va de nuevo… Y ojo, judíos, cristianos y musulmanes tenemos al mismo Dios, basta imaginar lo que sucedería si fuere otro.

Beirut y París lloran a sus muertos; Damasco, por su parte, y tantas otras ciudades sirias han estado en agonía, un alud de personas han tenido que salir de su país con un único objetivo: tener algún chance de supervivencia.

Los odios viajan con los éxodos y un nuevo tipo de guerra se instala en el planeta. La guerra convencional termina para implantarse un nuevo esquema bélico, las muestras están al alcance de todos.

Cuando a las grandes potencias se les toca, nuestro mundo gira, y ya veremos que los atentados de París originan nuevas políticas en los Estados Unidos y Europa con efectos mundiales, ya hay grandes capitales amenazadas, la barbarie y el salvajismo, si esto sigue como va, no tendrá límites.

El odio mueve e incentiva a miles de fundamentalistas musulmanes para acabar con lo que conciben como el enemigo y es enemigo aquel que no crea lo mismo.

La Torá, la Biblia y el Corán no son libros de odio ni de división, los tres representan tolerancia, amor y solidaridad; sin embargo, como todo texto, si lo que se quiere es encontrar fundamentos para la violencia, abundan los pasajes para encontrar razones.

Nuestra sociedad, y esta es la reflexión que quizás debemos hacer, cada vez está más alejada de lo que representa un Estado Laico, el cual es la garantía para el respeto a todos los credos. Un irresponsable diputado afirmaba el año pasado y parte de este año que promovería una ley para leer la Biblia de forma obligatoria en las escuelas, y la respuesta fue: ¿cuál Biblia?

Si evangélicos y católicos ni nos hemos puesto de acuerdo en una sola, además la interpretación católica es distinta a la evangélica en buena cantidad de partes sustantivas, ¿pretenderemos tropicalizar los odios religiosos?, ¿nos creemos inmunes a las diferencias y odios en nombre de Dios?

Damasco, la capital Siria es la capital más antigua del planeta, París, la capital francesa es la Ciudad Luz, símbolo de la belleza y la libertad, la primera está destruida y la segunda vive con terror; creer que eso nos es ajeno es la mejor forma para empezar a construir nuestro propio infierno.

@Alex_balsells