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05/02/13 - 04:28 Opinión

Los médicos no haraganean

Haraganear es rehuir el trabajo. Por tanto, dicha palabra no se le puede aplicar a quien desea cualquier instrumento o ayuda para poder ejercer mejor o bien el trabajo que le corresponde. Si alguien carece de lo necesario debido a que no se lo otorga quien se lo debe entregar, simplemente no es un haragán.

EDITORIAL

Esta verdad tan sencilla es necesario recalcarla como consecuencia del reciente comentario que hizo el presidente Otto Pérez Molina la semana recién pasada, respecto de que los médicos de los hospitales públicos deberían dejar de haraganear, cuando, al regresar de su viaje por Suiza y Chile, se encontró con que el personal del Hospital San Juan de Dios reclamaba instrumentos y medicinas para poder atender y tratar a las personas que acuden a ese centro asistencial en procura de ayuda para curarse.

Al analizar lo expresado por los médicos sale a luz que ellos quieren trabajar, porque ahora no pueden hacerlo de manera eficiente, debido a la falta de equipo, medicinas y demás insumos. En todo caso están solicitando más trabajo. Por eso la posibilidad de que algunos de ellos sean despedidos se convierte en una acción contraproducente para el Gobierno, y en especial para el presidente Pérez Molina, sobre todo porque existen denuncias sobre remociones de trabajadores de ese hospital para colocar en esos puestos a simpatizantes del partido oficial de este período.

Los facultativos, y esto no es ninguna novedad, muchas veces se sienten desmotivados porque no pueden curar a los enfermos o muchos de estos mueren por falta de medicamentos y de equipo. Ese problema ciertamente asuela a la totalidad de los centros hospitalarios de todo el país y ocasiona una larga serie de daños a la salud de los habitantes.

Otro tema es el de la remuneración de quienes laboran en los hospitales. Los sueldos no corresponden a lo que deberían ganar los médicos, pero en ese campo salarial también se puede decir lo mismo de la totalidad de personas que trabajan en el sector público. Los maestros son otro ejemplo, pero no el único. Evidentemente, este caso no es igual a los de las paralizaciones de servicios públicos como forma de presión para obtener aumento de sueldo. Esa es otra de las razones por las cuales el comentario presidencial también se puede calificar de injusto.

La carrera de medicina requiere muchos sacrificios y desvelos, y quienes la ejercen son mayoritariamente personas con sensibilidad social, sobre todo cuando son estudiantes o recién graduados. Algo muy parecido sucede con el personal de enfermería. Sus familias los ven llegar a casa frustrados porque en demasiadas ocasiones han perdido batallas contra la muerte que son derrotas para la ciencia porque no existen los insumos necesarios.

El gremio médico, por solidaridad y porque muchos de sus miembros han sufrido la experiencia de tener las manos atadas, aunque no reaccione públicamente, se encuentra molesto, lo cual es explicable. Son pocas las personas que conocen del esfuerzo de quienes piden cómo trabajar bien, y por esa razón el del mandatario es un comentario poco meditado; es contraproducente.

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