
La presente emergencia nacional paralizó el país y dejó daños y pérdida de vidas humanas, que según el último reporte de la Coordinadora Nacional para la Reducción de Desastres pasan de 109, pero tendrá consecuencias durante un largo plazo. La concatenación de ceniza y arena volcánica con las lluvias desató una situación que demostró la frágil capacidad de respuesta institucional del país y su indefensión de las fuerzas naturales.
En el imaginario colectivo nacional, los terremotos son los riesgos naturales más serios de Guatemala. Si bien han existido, existen y existirán, ocurren en largos períodos y muchas veces son devastadores, como lo comprueba el que sucedió el 4 de febrero de 1976. Los volcanes tienen también la posibilidad de causar tragedias en cualquier momento, pero los riesgos mayores son las lluvias, porque cada invierno puede convertirse en la causa de una emergencia nacional y en un estado de calamidad pública cargado de tragedia.
Los sismos, por lo general, no alcanzan en sus efectos a los cultivos, de los cuales depende mucha de la comida de los guatemaltecos y de buena parte del ingreso económico de la Nación. En esta emergencia, el país quedó aislado a causa de que la pista del aeropuerto La Aurora quedó inutilizable, lo que no ocurrió para el terremoto mencionado. Esa vez la tragedia fue terrible en cuanto al número de vidas perdidas y de damnificados, pero el país pudo mantener los vuelos regulares y recibir ayuda aérea de emergencia.
En esta ocasión, como ocurre casi siempre con los huracanes y depresiones y tormentas tropicales, el mal tiempo ha impedido llevarla adonde se necesita.
Es necesario que Guatemala se prepare para enfrentar a la naturaleza. Ello comienza con, por ejemplo, planificar la construcción de nuevos puentes en las carreteras principales, a fin de permitir la comunicación terrestre. En este aspecto es fundamental la preparación de una red de aeropuertos capaces de recibir naves del mayor tamaño posible, a fin de permitir la llegada de la ayuda transportada vía aérea.
Igualmente, tener un sistema adecuado de coordinación interinstitucional y una adecuada línea de mando y de decisión en casos de emergencia. Resulta también importante poseer adecuados planes de educación e información, así como de simulacros de emergencias como el que había sido planificado para dentro de pocos días.
Es vital la coordinación de actividades relacionadas con las emergencias causadas por fenómenos naturales, como es la recolección de alimento, ubicación de los lugares de refugio y de los centros donde puedan llegar a ofrecerse los voluntarios. Es una tarea difícil porque tiene numerosas facetas, y su cuidadosa organización previa es la diferencia para reducir los efectos de una emergencia como la que en pocas horas provocó la tormenta Ágatha. Los guatemaltecos debemos comprender en toda su magnitud lo que implica vivir en un país donde la naturaleza puede ser el escenario, como fue este fin de semana, de lluvia y ceniza cayendo del cielo simultáneamente.
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