Opinión

siempre verde

Mi última columna

Magalí Rey Rosa

Magalí Rey Rosa

Decidí defender la naturaleza, pues creo que destruirla es un error imperdonable; incluso, que es prueba de imbecilidad (dle: retraso mental moderado) en la especie humana, envenenar el único lugar que tiene para vivir. No puedo desentenderme pues lo que muere ante mí es la abundancia, la generosidad y la belleza del sistema de vida de la Tierra. “Guatemala es uno de los países más ricos del mundo en naturaleza, pero la está perdiendo irreversiblemente. La heredamos, cuidarla es nuestra obligación por el bien de todo el mundo”, fue mi plataforma. En 1983 fundamos Defensores de la Naturaleza y yo conduje la declaratoria de la Sierra de las Minas como reserva de la biósfera, lograda en 1990.

En 1996 fundamos el colectivo MadreSelva, y me invitan a escribir en Prensa Libre. Colocamos la agenda ambiental en el debate político. Denunciamos el caso de la forestal Simpson y el Río Dulce se salvó de ser vía de arrastre comercial, con “La barcaza no pasa”. En 1998 hicimos la primera denuncia legal contra la industria petrolera en Guatemala, por contaminación en la Laguna del Tigre. “Selvas sí, petróleo no”. La fiscal “no pudo” comprobar la contaminación, pero la petrolera Basic no logró la ampliación del contrato 1-92. Se impulsó la declaratoria de Visis Cabá como reserva de la biósfera ante las pretensiones del gobierno de Arzú, de repartir tierras que pertenecen a los chajulenses. “Los delfines al mar, los traficantes a la cárcel”, “Las plantaciones no son bosques”, “Yo protejo mi manglar” fueron campañas de una etapa de intenso activismo ecologista. Con el cambio de siglo denunciamos la introducción de los transgénicos y la expansión de los monocultivos.

La llegada de las transnacionales mineras mostró la cara oscura de la minería metálica; la explotación del oro marcó mi futuro. Desde el 2003 traté de explicar que “La mina destruye y contamina”. Se hizo evidente la relación entre la explotación, la violencia y la corrupción que la acompañan y “Sipacapa no se vende” fue mi última denuncia con MadreSelva. Después fundamos la Escuela de Pensamiento Ecologista Savia con una visión integral y dibujamos el “mapa de la realidad ecológica de Guatemala”.

Hoy, líderes planetarios negocian en París sobre el cambio climático y millones de seres humanos claman por justicia ambiental. Pero los políticos llevan 20 años posando ante las cámaras, sin lograr nada. Hoy se quema más petróleo y hay más tóxicos en la biósfera. Hay más información, pero es difícil entender los nexos entre el poder económico, el poder político, el libre mercado, la publicidad, la pobreza y la destrucción del mundo natural. En un medio corrupto como el nuestro, sin instituciones con credibilidad para defender bienes naturales y derechos humanos, la naturaleza de Guatemala y la población están indefensas frente a la embestida de poderosas transnacionales que, con el beneplácito de nuestros gobiernos —y el entrante no parece tener la voluntad de ser una excepción— vienen a saquear nuestros bienes naturales Yo usé este espacio para denunciar abiertamente las amenazas que vi cernirse sobre esta tierra y sus habitantes, con el deseo de impedir su destrucción y más dolor. Ya no podré hacerlo desde aquí.