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Opinión

LA ERA DEL FAUNO

Al ministro de Cultura

Hoy asume el nuevo ministro de Cultura y Deportes, Carlos Batzin. Llega al ministerio más subestimado de la burocracia. La mayoría de gobiernos -brutalmente ignorantes- creen que la cultura y el arte solo sirven para que los músicos inauguren chorros municipales, para volver turísticos los ritos mayas y para que los poetas declamen ante la reina de los juegos florales. Desconozco las aptitudes del señor Batzin para el puesto. No sé si es un estadista o solo un político que cobra el trabajo de campaña hecho a su Partido Patriota.

Juan Carlos Lemus

JUAN CARLOS LEMUS

Lo que sí sé es que tiene la oportunidad de ponderar la cultura de nuestro pueblo, pero no solo la del pueblo maya. La cultura no es exclusiva de un sector, no es propiedad de la élite ni de los pobres. Ese ministerio tiene mucho de ecuménico. Si partimos de la definición de que cultura es todo lo que hacemos y cómo lo hacemos, es un costal enorme. Por eso, hasta hace algunas décadas el progreso de un país se medía según su arquitectura, escultura, pintura, literatura, danza y música; a lo cual llamaban sus bellas artes. En la actualidad se fusionan —afortunadamente— con evidente eclecticismo la marimba y el heavy metal.

Por lo mismo, como ministro de Cultura el señor Batzin está obligado a conocer los pormenores de una ópera y de un concierto de rock; también las características del folclor y una sesión de jazz; tiene que interesarse por la poesía culta y la de los raperos; debe saber de literatura; de la chirimía, el tun, la guitarra acústica y otras cuerdas. Ha de valorar la danza clásica y la contemporánea, impulsar los museos, el teatro, el cine, además de estar al tanto del movimiento cultural centroamericano y del mundo.

No es momento de comenzar a aprender, así que le conviene ejercitarse en la observación, informarse de cada corriente rural o urbana y templar las fuerzas de sus viceministros. La cartera que recibe tiene las direcciones de patrimonio, artes, desarrollo cultural y deporte. Tiene que respetar el rumbo de las cuatro sin inclinarse por una u otra como haría una mala madre con su hijo favorito.

Quienes otorgan esos puestos piensan que es un ministerio superficial. Y quienes llegan a dirigirlo, también. Están equivocados. Los asuntos culturales son un ejercicio de inteligencia, algo que requiere rigor analítico. Como lo creen poco importante, le asignan poco dinero. Con todo, señor Batzin, la buena noticia es que nuestro país tiene artistas de primera línea, entes culturales que saben nadar en aguas bastante profundas. La mala noticia es que si usted no trae vocación cultural, tampoco se le podrá meter la belleza y comprensión de una sinfonía con inyecciones. Así como es impensable que haya un matemático que odie resolver ecuaciones, igualmente lo es un ministro de Cultura que menosprecie las variantes conceptuales artísticas que desconoce. Ciertamente, no tiene que ser un Da Vinci, pero está obligado a indagar en todo, porque solo hay algo peor que un ministro de Finanzas endeudado, y es un ministro de Cultura inculto.

Así que, bienvenido. En sus manos está un bello monstruo. Y aunque su presupuesto sea bajo, recuerde que un buen cocinero hace un manjar de un tomate.


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