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26/11/11 - 23:52 Opinión

LA BUENA NOTICIA

Las cuatro noches

Un antiguo manuscrito arameo del siglo III d. C. encontrado en 1956 en la Biblioteca Vaticana, el Targum Yerushalaim, contiene el Poema de las cuatro noches, según el cual Dios actúa en ese momento de sueño para todos, pero de vigilia para la fe:

VíCTOR HUGO PALMA PAUL

Dios creó la luz en la noche primera (Gn 1,3); Él se apareció a Abraham para alentar su fe (Gn 17,1 ss); Dios hizo pasar a su pueblo a la vida y libertad en la Pascua de Egipto (Ex 14,1 ss) y “su Palabra hará pasar a los redimidos al Reino definitivo en la última noche”. El sentido pascual de la venida del Señor en Adviento es innegable: a la celebración de su nacimiento hace dos mil años se ha de agregar la esperanza en su segunda venida, según la Buena Noticia de este domingo en “aquella noche” en que se cumplirá el clamor de los creyentes de todos los siglos, expresada en el vocablo también arameo Maranathá: ¡Ven, Señor!

Dicha esperanza ha de ser intensa, alegre y al mismo tiempo activa. Con la Navidad el reino de Dios comenzó a hacerse presente de modo irreversible, pues el reino es el mismo Jesucristo, tal y como él lo afirma al iniciar su predicación en Galilea: “El reino de Dios está cercano” (Marcos 1,14). “Jesús de Nazareth es el reino entre nosotros” (su santidad Benedicto XVI, Jesús de Nazareth, tomo 1). Por lo mismo, los creyentes deben vivir el Adviento de cara a Jesucristo, a su persona. No tienen sentido las “fiestas de fin de año” sin tenerle a él como centro espiritual. Claro, la parafernalia comercial que deposita en Navidad las expectativas comerciales más fuertes del año hará y ya hace todo lo posible para “secuestrar” o usar mal el sentido cristiano de ese momento. El colmo de la “laicización” se da cuando, como sucedió en un comercio americano, alguien se quejó al gerente de “imposición/ agresión religiosa” por un empleado que le dijo amable e inocentemente: Merry Christmas, mientras le entregaba al factura (¡!).

Despersonalizar este tiempo solo agrega más soledad a una humanidad ya castigada por la “crisis económica mundial”: hace caer sobre los que podrán adquirir menos bienes la sombra inclemente del materialismo. La llamada de Jesús para “velar y vigilar” proponen la vivencia del Adviento como vivo anhelo (¡Maranathá!) de su llegada, así como el compromiso por su presencia como “Reino que no ha llegado” a los ambientes de violencia, pobreza, vulnerabilidad no solo ante el “frío de diciembre”, sino a las condiciones creadas por una convivencia humana al margen de Dios; el alza de los precios de los alimentos y las pocas perspectivas de “conversión” si solo el poder material ocupa las mentes y los corazones. Ese poder humano se hace “inhumano” cuando falta Dios en el horizonte de las familias y las sociedades. Curiosamente, Él quiso nacer “en familia”, y desde entonces el justo deseo de hacer todo lo posible para reunirse debería marcar el reloj de las “cuatro noches”, que desembocan en aquella vigilia familiar. Que la corona de Adviento que se realiza en muchas de ellas, o en las parroquias o comunidades cristianas, vaya “despertando” el verdadero sentido de este “tiempo fuerte”, para poder al final del mismo encontrarle en el pesebre reconociendo en su rostro el de todos los que caminan a nuestro lado como “presencia suya velada por la humanidad de nuestro prójimo” y visible solo a la luz de la fe y del amor.

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