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EDITORIAL

Obama sepulta la Guerra Fría

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Barack Obama, a 10 meses del final de su mandato, se convirtió en el presidente estadounidense que terminó de sepultar la Guerra Fría en el continente americano, a causa de su visita de dos días a Cuba. Ha sido atendido por un jefe de gobierno integrante de una dinastía política vigente desde 1959, regida por la omnímoda voluntad de los hermanos Fidel y Raúl Castro, respaldados por criterios alejados de lo que podría ser una genuina democracia.

A causa de que en las negociaciones realizadas desde hace alrededor de año y medio no se hizo suficiente énfasis para lograr cambios en los derechos humanos, la visita puede ser considerada tanto una capitulación como una actitud pragmática al extremo.

Lo que en realidad cambió fueron los criterios políticos e ideológicos dentro de Estados Unidos, así como la influencia de las organizaciones de cubanos en el exilio, que perdieron fuerza a causa del paso del tiempo y de que las generaciones de ciudadanos cubanoamericanos ya tienen también ideas diferentes a los de sus abuelos y sus padres.

La decisión estadounidense les otorga, además, la razón a aquellos países latinoamericanos y europeos que no se alinearon con la forma de pensar de los políticos de cualquiera de los dos partidos tradicionales, para quienes el tema de Cuba tampoco tiene la importancia de antes. Eso es precisamente lo que ocurre con el paso de la historia, cuyos cambios sociales, políticos y económicos producen al mismo tiempo nuevas realidades y con ello otros criterios.

Aunque faltan algunos aspectos para la normalización absoluta de las relaciones, poca duda cabe de que aumentará significativamente la presencia estadounidense en la mayor isla del Caribe, a causa de la presencia cada vez mayor de turistas e inversionistas. Muchos países que han sido enemigos de Estados Unidos —como Alemania, Italia y Japón, en la Segunda Guerra Mundial, y posteriormente Vietnam— han recibido generosa ayuda directa y se han convertido en socios comerciales.

No hay motivo real para pensar que ese resultado no se repetirá en Cuba, que puede convertirse en un émulo de la China Comunista, donde hay capitalismo crudo y fundamentalista en la economía y al mismo tiempo, en lo político, una dictadura comunista estilo Corea del Norte.

Los países poderosos actúan, siempre, en relación con sus interés, o los de sus élites. Si se agregan los cambios producidos por nuevas realidades políticas mundiales, como el preocupante surgimiento de la ola islámica, temas como el de Cuba son colocados por las circunstancias en una lejana segunda posición.

Desde esta óptica debe ser vista la llegada de Obama a Cuba, que además tiene una meta política interna estadounidense, de cara a las elecciones de noviembre. A causa de ello, no es tan cierto que los Castro hayan salido victoriosos. En realidad, también fueron sobrepasados por la historia, aunque por desgracia continuará firme la falta de respeto a los derechos ciudadanos y la opresión acompañada de la ausencia de libertades, siendo la causa del sufrimiento de quienes no han conocido otra forma de gobierno, porque lleva 57 años sin cambios.