Opinión

REGISTRO AKÁSICO

Obispos

Antonio Mosquera Aguilar

Antonio Mosquera Aguilar

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Antonio Mosquera

Las iglesias católicas y las ortodoxas son dirigidas por obispos. De hecho, el Papa es el obispo de Roma. La comunión anglicana se hace llamar iglesia episcopal. Tanto los católicos romanos como los ortodoxos consideran que sus obispos son los sucesores de los apóstoles sin interrupción alguna. Desafiar a los obispos significa apartarse de la iglesia jerárquica.

La Conferencia Episcopal de Guatemala asumió respetar la realización de las elecciones generales del país. Además de las consideraciones ligadas al cultivo de las virtudes teologales y cardinales; seguramente, incluyeron a las virtudes cívicas, en esa toma pública de posición. En efecto, cualquier letrado honesto sabe que en derecho constitucional y electoral era imposible la suspensión, atraso o cancelación del evento electoral.

Un activo ingeniero que actúa en nombre de la paz, a inicios del año, anunció en páginas enteras de los medios de comunicación el corte de las carreteras para entronizar un nuevo gobierno. Esa jornada no tuvo lugar, ni por asomo. Nadie siguió el excéntrico llamado. Este “pacifista”, desde entonces, buscaba cancelar las elecciones. Ante un nuevo fracaso, en estas semanas, indicó que la Iglesia Católica había dado la espalda a sus fieles como cuando surgió el “Protestantismo”. Todo consistía en una conspiración donde, al tenor de órdenes de la Embajada de EE. UU., los obispos de Los Altos, Jalapa y Diócesis de Guatemala habían torcido el brazo de la Conferencia Episcopal de Guatemala para apoyar los comicios.

Cualquier trastornado puede delirar como desee, siempre que no ejerza violencia física. Lo asombroso es que la Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala junto con la Juventud Obrera Católica compartan esa posición y se rebelen a las orientaciones de sus pastores. No se dice que, como ciudadanos, no tengan derecho a posición política, sino lo chocante es que organizaciones, supeditadas a la jerarquía eclesiástica, asuman la insubordinación de manera abierta.

Los católicos tienen absoluta libertad ideológica y de acción en asuntos políticos; sobre todo, los partidarios del estado laico. Cualquier creyente católico puede discrepar de su obispo: 1) porque no forma parte de la jerarquía; 2) la misma Iglesia reconoce la autonomía de los seglares desde el Concilio Vaticano II: “La comunidad política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno”, 76 Gaudium et Spes; y 3) no reciben un centavo de esa institución; al contrario, sus limosnas, la sostienen parcialmente.

Es insólito que los “creyentes profesionales”; es decir, los que perciben un sueldo por parte de la Iglesia Católica, los representantes oficiales de organizaciones clericales, desautoricen a sus superiores. Mejor harían si rezaran por la independencia de la República y respeto a legalidad y las decisiones del Tribunal Supremo Electoral.

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