Opinión

Con nombre propio

18 de mayo de 2018

Alejandro Balsells Conde

Alejandro Balsells Conde

El presidente sigue claro: Iván Velásquez es Non Grato, así ha reunido un variopinto apoyo porque, como dice el amigo Phillip Chicola, “los promotores de la impunidad —hábilmente— han logrado activar las vetas de temor ideológico entre segmentos medios y altos de la sociedad”. También hay pérdidas presidenciales, donde sobresalen el canciller y la ministra de Salud, dos piezas fundamentales; el primero, porque representaba la coherencia de la política exterior y se pretendía concretar el esfuerzo más grande que la gente de Relaciones Exteriores ha empujado: una vía legal para la solución definitiva del diferendo con Belice, pero esto no es  prioridad porque quien manda llamó a nuestro embajador en el Reino Unido para que le ayude a armar algo coherente por acá, cuando su presencia allá es más que necesaria por el tema beliceño; y segundo, la ministra de Salud era estratégica, porque por primera vez se le entraba jurídica, administrativa y políticamente al abuso que han representado los pactos colectivos, y ella encabezaba ese esfuerzo. Nadie duda de que la organización sindical es un derecho, el punto es el abuso para esquilmar los intereses públicos.

A más de 10 días de que el presidente tomó la decisión más importante de su mandato, no ha dado una sola conferencia de prensa, se esconde de los periodistas y la Corte de Constitucionalidad tuvo que enmendar una metida de pata descomunal. La Corte de Constitucionalidad, al otorgar el amparo, que era provisional, de forma paralela, dada la barbaridad que le habían hecho firmar al gobernante, declaró la impertinencia definitiva porque ya no había materia que debatir. Lo que nunca nace a la vida jurídica no nace, y punto.

El Gobierno y sus aliados han confundido, especulado y desacreditado a la mayoría de columnistas y analistas, la prensa nacional y extranjera ha sido objeto de ataques y es evidente que un montón de cuentas falsas y reales en redes sociales se lanzan a atacar porque analizar o debatir les queda grande. El ambiente está enrarecido.

El presidente Morales logró pasar de “Guatemala como ejemplo mundial en la lucha contra la corrupción” a una Guatemala como Estado paria y a evidenciar que somos una “República Bananera” más. La BBC, el Washington Post, el New York Times, The Economist, El País, Miami Herald, por mencionar algunos medios, nos han retratado como un país que lucha por mantener la impunidad como forma de vida y han descrito, con especial solidez, la frustración que representa la realidad guatemalteca.

Las cartas están echadas, pero para variar nos perdemos en el momento, la fecha del 18 de mayo de 2018 es la crucial porque cambiará la Fiscal General de la República y jefa del Ministerio Público, así que si este gobierno, débil desde el arranque, se alió a quienes defenestran los avances conseguidos y se enfrenta a un aislamiento internacional, sin importar las consecuencias económicas y sociales, es claro qué fiscal buscarán, además no habrá ningún interés internacional.

El país, con los reflectores encima, sí se juega su institucionalidad, no porque Iván Velásquez se vaya o se quede; para nada, sino porque el 18 de mayo de 2018 el presidente buscará a quien no le estorbe y para eso es preciso que no sea independiente, el mensaje está dado y quedó bien clarito, sobre todo que los principales candidatos presidenciales calladitos le apoyan.

Sin independencia no hay República, el presidente está convencido de que quien le dice lo que no quiere oír está contra él, contra la democracia y contra el régimen constitucional, cuando en su círculo cercano pululan los complotistas y mercenarios.