Opinión

Aleph

¿A qué temen los de la foto?

Carolina Escobar Sarti

Carolina Escobar Sarti

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Cacif

“La fotografía más insignificante expresa, además de las intenciones explícitas de quien la ha tomado, el sistema de los esquemas de percepción, de pensamiento y de apreciación común a todo un grupo”, dijo Pierre Bourdieu (1965). Quisiera empezar por acá, y asociarlo con la reciente foto del Cacif que se viralizó en las redes hace un par de días, cuando fijaron postura ante las reformas constitucionales, específicamente frente al artículo que tiene que ver con el pluralismo jurídico.

Parto de lo siguiente: creo en la posibilidad de un país próspero y justo; creo que hay empresarios éticos y no éticos, como personas éticas y no éticas en todos los sectores —el único problema es que en el marco de este modelo económico, ellos pueden comprar a todos y todo lo que se deje comprar—. Le apuesto también a que cada hombre y mujer, de cualquier edad, puedan vivir con dignidad en Guatemala, desde el nacimiento hasta la muerte. Creo, además, que toda generalización es una trivialización, y que no se puede ni se debe hacer país desde la ignorancia, el odio y los intereses sectoriales. Por eso me parece que, más allá de un artículo sobre derecho indígena de las reformas que a ellos pueda o no gustarles, esta foto termina siendo la evidencia de un poder económico que no ha querido y sabido leer y traducir a una nación plural como la nuestra.

Esta foto, en particular, le puso rostro a la Guatemala feudal que se resiste a morir, y es la evidencia de una arqueología jurídico-económica-política, que se levanta sobre imaginarios de racismo y exclusión desde hace demasiado tiempo. Esta foto es igual a la frase del ganadero, que hace pocos días —cuando ese sector se movilizó para pedir pagar solo el 1% de impuestos y que les quitaran el IVA y el ISR—, dijo algo así como “mi familia lleva 100 años en esta actividad y nunca ha pagado impuestos”.

Estamos cambiando muy lentamente, porque una mala coyuntura de décadas no se compone en dos años. Y siento que tenemos mucho miedo los unos de los otros. Al ver esa foto, vi enojo y miedo. Vi pasado. Vi poder congregado de la manera más tradicional y conservadora, una vez más. Y esto también tuvo su correlato en los medios, con propaganda basada en mentiras. ¿Desde qué mala intención se habla de linchamientos como práctica del derecho indígena y se ignoran las prácticas violentas, inscritas en un sistema jurídico occidental?

Yo no romantizo a los pueblos indígenas, porque en realidad los considero mis iguales, pero los conozco bastante bien y sé que llevan mucho tiempo practicando el derecho que ellos conocen y que les funciona para dirimir asuntos de justicia en los ámbitos familiares, cotidianos y domésticos. ¿No es violento que casi la mitad de la población deba regirse por leyes que hizo la otra mitad? ¿O es que en la construcción de nuestras Biblias Constitucionales han participado indígenas? ¿Acaso no es violento que solo un 11% de los operadores de justicia hable un idioma maya? Ahora, cuéntenme, por favor, que entre los no-indígenas no hay violencia intrafamiliar, robos, torturas, secuestros y asesinatos. El tema del derecho indígena ha sido vuelto a usar como caballito de batalla para desvirtuar las necesarias reformas constitucionales que podrían ayudar a una reforma integral del Estado guatemalteco.

Una foto puede reproducir, no con fidelidad mimética pero sí con una elevada dosis de rigor documental, eso que denominamos realidad. Y esta imagen nos habla de miedo, no sé a qué. Al “Otro”, a perder el poder, a que otros puedan optar a las mismas oportunidades, a que otros sean considerados iguales.