Opinión

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A tres meses de comicios nublados

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

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Comicios en EEUU Trump

QUEDAN TRES MESES PARA EL 8 de noviembre, fecha de las quincuagésimas octavas elecciones en Estados Unidos. Es un suceso electoral con características únicas e inesperadas, algunas de ellas imposibles de pensar siquiera hasta hace poco, como la candidatura de una mujer a la primera magistratura de ese país. Pero también a la mezcla de sorpresa, indignación, esperanza, incredulidad y sobre todo de incertidumbre tanto dentro como fuera del territorio estadounidense ante los efectos del simple hecho de haber permitido a un candidato como Donald Trump llegar hasta donde está, y no digamos antes las consecuencias de una victoria electoral para llegar a la Casa Blanca, aún en el caso de no tener mayoría en el Senado o en el Congreso.

AL OBSERVAR DESDE la distancia y con la malicia de la mentalidad tercermundista, por la cual es posible pensar mal para acertar, estas elecciones de Estados Unidos no tienen importancia por el simple hecho de quién gane o pierda. Trump representa una llamada muy seria de atención para el sistema tanto electoral como político, no sólo dentro de ese país sino en todos los lugares donde se aplican los principios democráticos como los expresa la teoría política tradicional. Obliga a cuestionar elementos básicos sobre la organización de los partidos, a la carrera interna de los políticos, a las cualidades personales de ellos reflejadas en la forma de vivir su vida personal privada y sus actuaciones en su vida profesional, empresarial, etcétera.

DE SER UNA SOCIEDAD MUY conservadora en cuanto a calificar y aceptar la vida privada de los políticos, Estados Unidos puede encontrarse a las puertas de un "destape" en cuanto a este tema. Peligroso, lamentable. La exposición pública de fotos —por ejemplo— y detalles similares gracias a las redes sociales, disminuye el nivel del debate político, hace ascender el morbo como un factor de “entretenimiento” electoral y trivializa la discusión, al convertir el proceso en lugar donde los paparazzi juegan un papel crucial. Quedan lejos entonces las consideraciones acerca de cómo lograr los beneficios ofrecidos, muchas veces sólo como efecto de una febril imaginación mezclada con demagogia y aderezada con mucho de estulticia.

QUISIERA ESTAR EQUIVOCADO, pero debido al evidente proceso de “tercermundización” de la política estadounidense, solo se pueden esperar más y más acciones bochornosas. Pedirle abandonar el salón a una madre de un bebé porque llora, es ridículo. De alguna manera burlarse de los padres de un soldado muerto en acción, es vil. Hablar de construir un muro en la frontera con México, es iluso. Mientras tanto, comienzan a ser destacadas en las redes sociales las similitudes entre las ideas de Hitler en los años treintas. Es preocupante la suma de todas esas situaciones, coronadas con una personalidad extravagante, una total inexperiencia política, y sobre todo una percepción internacional de inseguridad, así como de nula predecibilidad.

PARA COMPLICARLO TODO aún más, el sistema estadounidense es difícil de entender porque los votos electorales de los estados son el factor más importante para la victoria. Puede haber una victoria en el voto popular, pero no en los votos electorales, y si eso ocurre habrá un terremoto político de impredecibles consecuencias, independientemente de quién sea el candidato beneficiado. El ciudadano estadounidense no militante deberá decidir en contra de quién votará, mientras en el resto del mundo espera con una mezcla de incertidumbre y de temor ante las consecuencias de los comicios. En términos chapines, habrá una disyuntiva entre alguien malo y otro peor. Los comicios basados en ese dilema han sido particularmente emocionales.