Opinión

EDITORIAL

Aeropuerto hostil

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Guatemala solo cuenta con un aeropuerto con aspiraciones de ser internacional, en el amplio sentido del término, porque está ubicado en la principal ciudad, el que más recursos capta y el que sirve de puerto de embarque o desembarque para miles de turistas y residentes con algunas de las principales ciudades del mundo, pero eso no basta para clasificarlo entre los de primera categoría.

En más de una ocasión, este medio lo ha calificado de inhumano, porque es uno de los poquísimos en el mundo donde familiares de los viajeros, entrantes o salientes, tienen que literalmente botarlos a la entrada, debido al pésimo diseño implementado durante su reconstrucción.

De los miles de viajeros que entran o salen del país se desconoce quiénes lo hacen de manera expedita; es decir, no necesitan perder demasiado tiempo en despedirse, lo cual puede ser cuestión de segundos o pocos minutos para dejar a un pasajero en la puerta de entrada, y lo mismo ocurre cuando se ingresa en el país.

Por si fueran pocas las molestias causadas por quienes diseñaron ese elefante blanco, con demasiada frecuencia los abusos han ido en aumento, hasta hacer casi imposible poder tener un mínimo de comodidad cuando se transporta a parientes o amigos a la puerta de entrada, quienes virtualmente, como se dice en Guatemala, deben bajarse al pedalazo de los vehículos, porque el espacio siempre ha sido insuficiente y, en consecuencia, el caos impera a cualquier hora.

Ahora, alguien ha tenido la brillante idea de ir un paso más adelante en el hostigamiento a quienes por trabajo o diversión deben pasar por esa terminal, y es que se han colocado filas de bolardos a ambos lados del paso de vehículos, que tienen la clara intención de imposibilitar la descarga de pasajeros o, como también sucede en la parte inferior, hacer sumamente dificultoso recoger a quien arriba al país.

Las autoridades siguen dando muestras de una incapacidad enciclopédica para administrar espacios públicos, y por eso han batallado en las últimas administraciones por maquillar obras que deben pasar por la supervisión de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), porque este aeropuerto sigue sin cumplir con los requisitos fundamentales para mantener la categoría de internacional.

Está tan extraviado el concepto de lo que es una terminal aérea que ni siquiera es posible informarse de manera adecuada de las llegadas y salidas de vuelos, porque no existen los suficientes monitores ni son del tamaño adecuado para que se enteren quienes esperan los arribos.

A ello se debe la generalizada crítica sobre las precarias condiciones del aeropuerto La Aurora, quizá el peor en su categoría de Centroamérica, pese a tener un movimiento respetable que debería dejarle recursos suficientes para hacerlo funcionar de una manera medianamente decente.

Pareciera que eso es lo que menos les importa a quienes tienen la responsabilidad de su administración, lo cual pasa por humanizar los servicios y hacerlo un poco más amistoso para los visitantes.