Opinión

pluma invitada

¡Al fin llegó la refacción escolar!

César Augusto Sagastume

César Augusto Sagastume

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Refacción escolar

Al revisar los acontecimientos de la agobiante corrupción que ha cooptado a nuestro país, se comprende que los funcionarios del momento se cuidan en la ejecución del presupuesto, faltando a la responsabilidad de llevar tan importante aporte a los niños desnutridos que asisten a la escuela, con argumentos como: “El gobierno anterior dejó desfinanciado al Estado” o “El Ministerio de Finanzas no ha depositado los fondos, por falta de recaudación fiscal”, justificaciones que ya no cree el pueblo, con justa razón.

Cuando hacemos una revisión retrospectiva de la historia de la educación en Guatemala y analizamos las múltiples variables que debemos controlar para aspirar a que esta sea de calidad, y además, la preocupación del Estado en llevar la refacción escolar para minimizar la desnutrición y el hambre de los millones de niños que se matriculan en el nivel primario del área rural, donde más se necesita, no se concibe que el mismo Estado sea incapaz de atender este servicio que, de hecho, está presupuestado, por ser prioridad en la agenda del Gobierno, que debe asegurar su entrega sin discusión, a sabiendas de que es para un grupo tan vulnerable que debe atenderse con excelencia porque al final repercute en la formación del recurso humano que constituye el futuro del país.

Desde la década de 1950, el plan de refacción escolar se inicia suministrando leche y harina, que permitió servir un alimento fortificado que en su momento satisfizo el hambre de miles de niños, para que llegaran a la escuela en condiciones adecuadas y alcanzaran aprendizajes significativos del currículo que se desarrollaba entonces.

Durante más de medio siglo se ha sufrido una metamorfosis de inoperancia para descartar la variable del hambre que sufren los escolares, a pesar de que se cuenta con un presupuesto por parte del Estado para hacer llegar los insumos necesarios a la población meta, haciendo por demás evidente la deficiencia institucional, por la falta de ejecución, para suministrar la refacción escolar desde que el niño llega el primer día de clases a la escuela, lo que demuestra que la tarea está pendiente de cumplirse, y que al hacer la evaluación final de los indicadores para calificar la calidad educativa, se ve reflejada en el bajo rendimiento escolar, los porcentajes nada halagüeños de reprobación y deserción.

La mala administración de las instituciones gubernamentales demuestra la incapacidad, irresponsabilidad y falta de ética para cumplir con sus funciones, salpicadas de las mismas manifestaciones malintencionadas del pasado, dando razones sin fundamento para justificar una vez más que no pueden controlar esta debilidad, que por sentido común el ciudadano entiende que las instituciones ya tenían que haber aprendido la lección y aprovechar al máximo las experiencias adquiridas.

checharin.sagas@yahoo.com