Opinión

Ventana

Amigos de las orquídeas

Rita María Roesch

Rita María Roesch

El ingenioso mundo de las plantas inspira nuestro “ser natural” de biólogos. Somos hijos de la Tierra. Nuestro planeta tejió la red de la vida donde todos existimos. El ser humano es un “hilo” más. La nueva biología responde a preguntas como ¿cuál es el proceso de la vida? Entre sus descubrimientos nos dice: “Si vemos vida, vemos redes”. Todos los componentes de la vida están dispuestos en forma de red, que forman patrones. Nada sobrevive solo”. Esta poderosa lección de la naturaleza está permeando casi todos los campos de nuestro sistema de vida, desde la economía, la política y lo social, en el tercer milenio. La humanidad, luego de varios siglos de desconexión con el entorno natural, esta reconociendo que nuestra especie depende de los ecosistemas naturales que hemos destruido. Recuperarlos es la meta. Se sabe que al caminar en un bosque nuestro cuerpo se relaja, mejora nuestra presión sanguínea. Los científicos japoneses han descubierto que nuestros sentidos están más capacitados para descifrar información sobre las montañas y los ríos que sobre edificios y tráfico, porque evolucionamos en un medio natural. Es por eso que en las ciudades del primer mundo los espacios verdes públicos son una prioridad.

Con la intención de conocer más sobre el mundo vegetal visité la Exposición Nacional de Orquídeas, en el Salón de Exposición del Zoológico La Aurora, el pasado 9 de junio. Durante dos horas me escapé de nuestra agobiante y violenta realidad y salté al mágico y espectacular universo de las orquídeas. ¡Las orquídeas son la mayor familia de plantas en el mundo! Se conocen más de 30 mil especies diferentes y cerca de 200 mil variedades híbridas. Sus colores, formas, tamaños y aromas son inéditos. La orquídeas expresan la increíble posibilidad creativa que posee la naturaleza. Observé, con deleite, nuestra flor nacional, la exquisita Monja Blanca. Su nombre científico es Lycaste Skinneri Alba. Es una variante albina, una especie rara. Su blancura inmaculada transmite paz. Por ser un símbolo nuestro, guardo la esperanza de que algún día alcancemos la paz, como país. Al finalizar el fantástico recorrido, Silvia de Palmieri, orquideóloga, me mostró lo que considero el mejor fruto de la Asociación de Orquideología de Guatemala (AGO), su plan piloto: “Orquideario, en el Parque Ecológico La Asunción”.

Este es un espacio verde que queda debajo del puente que lleva el mismo nombre. Fue rescatado por la municipalidad capitalina. Durante dos años se trabajó para eliminar la basura y el ripio. Luego, a partir del 2015, la AGO, junto con el apoyo de la Municipalidad y los vecinos de la zona 5, iniciaron un plan de reforestación como 
respuesta a la depredación de los 
bosques guatemaltecos. La tala inmoderada perjudica a la fauna y a las especies de la flora nativa que habitan nuestros bosques. Entre los objetivos del parque está funcionar como “Centro Natural de rescate y protección de las diversas especies de orquídeas”. Aquí llevan estas plantas epífitas que han sido decomisadas por Conap y Diprona, para conservarlas en un medio natural. Otro objetivo encomiable del parque es capacitar en el cultivo de las orquídeas a los centros educativos. Despertar el amor a la naturaleza desde la niñez. Y, por último, pero no menos importante, atraer a visitantes nacionales y extranjeros que deseen relajarse, “¡viajar por el espectacular universo de las orquídeas!” cantó el Clarinero. La AGO inició un programa de apadrinamiento llamado “Amigos de las Orquídeas”. El propósito es adoptar un árbol. Los árboles solo son el sostén de las orquídeas, no lo parasitan nutricionalmente. Cada árbol lleva una placa con el nombre de su patrocinador. ¿Desea apoyar este proyecto que promueve la vida y la paz? Llamar al Tel: 4128–3891.

clarinerormr@hotmail.com