Opinión

pluma invitada

Atascos + imprudencia = muerte a la “n”

César Augusto Sagastume

César Augusto Sagastume

El diario vivir de esta patria linda, cuya  flora y fauna se pueden apreciar sin igual, hay variedad de climas que cambian en el corto espacio que se recorre a través de sus montañas, sabanas o cerros, ya sea por el placer de viajar, como recreación, compromisos sociales, religiosos y políticos, o por el mismo trabajo que obliga trasladarse de un lugar a otro, significa exponerse a sufrir un accidente que puede provocar la muerte o   imposibilidad física como mutilaciones, secuelas de inconsciencia viviendo como vegetales y ser una carga  familiar.

Cada día es común ser presa de la influencia mediática de accidentes viales en la ciudad o en las rutas abiertas, llámese Interamericana, al Atlántico, etc., y en los cuatro puntos cardinales, sean estas asfaltadas, de terracería, calles, callejones, vías o cruces, y a cualquier hora del día, que regularmente ocurren por imprudencia de los conductores, peatones, falta de señales, falta de mantenimiento de vehículos y otras causas que pueden evitarse cuando la autoridad hace con eficiencia su labor.

Pero las autoridades encargadas de poner orden y hacer que se cumplan la infinidad de reglamentos y normas para aplicarlas, a fin de evitar fatales accidentes, soslayan su responsabilidad o aceptan dádivas o sobornos para franquearlas y no cumplir con lo que ya está establecido para evitar el sufrimiento de muchos.

Al enumerar esas causas iniciamos con los que hacen uso de vehículos de dos ruedas, y para los cuales está establecido que deben utilizar un casco para protegerse y deben usar las vías apropiadas para su desplazamiento; sin embargo, cada quien juega a no cumplir las leyes y otros a evadir su responsabilidad de aplicar sanciones rigurosas.

En cuanto al mantenimiento de los vehículos de carga pesada y del transporte colectivo, pese a que está normado que se debe hacer con rigurosidad, vemos y escuchamos noticias de que muchos accidentes obedecen a desperfectos mecánicos, neumáticos inservibles, tren delantero en pésimo estado y otras averías que son causantes de muertes. Entonces, ¿por qué no se previenen estas circunstancias? Es muy fácil si todos los responsables de resguardar la seguridad ciudadana cumplen con su misión.

Si nos damos a la tarea de analizar cada percance vial, veremos que muchos han sido causados por el transporte de carga pesada, por distintas razones, ya sea porque la carga ha quedado tirada en el asfalto, porque los furgones se zafaron, porque se derramó combustible en la carretera, porque los pilotos conducen ebrios, drogados o van chatenado en el teléfono. Estas y tantas causas más que hacen el coctel perfecto con que brinda la muerte. Pero, entonces, ¿para qué están las autoridades encargadas de evitar estos percances?

Constantemente vemos circular vehículos que no cuentan con las señales reglamentrias, como retrovisores, luces alta y baja, pidevías, retroceso y otras, que son el lenguaje universal de los transportistas.

En conclusión, es urgente aplicar la ley de Tránsito con drasticidad a todos los conductores y empresarios del transporte que la trasgredan. De esta manera se evitará seguir llevando la tragedia a hombres y mujeres inocentes.

¡Esta es una exigencia para que las autoridades respectivas actúen para ganarse su salario honradamente!