Opinión

Mirador

Bienvenidos a los Coco´s country

Pedro Trujillo

Pedro Trujillo

El lamentable suceso ocurrido en el “Hogar Seguro” que costó la vida a muchas niñas y dejó heridas a otras promueve un intenso debate. Se ha aprovechado para criticar al Ministerio Público (MP) por “su lentitud y ausencia”, aunque a los pocos días dictó orden de detención contra presuntos responsables. El punto: tildar al MP de ineficiente a pesar de lo que hagan. Algunos se echaron a las calles para pedir la renuncia presidencial, a pesar de que el Ejecutivo cesará a cargos políticos. El objetivo: tumbar el gobierno, al precio que sea. Los radicales habituales acuñaron el término “femicidio de Estado” o hablan de crimen de Estado y masacres, dando por sentado que el aparato gubernamental ha hecho converger esfuerzos y provocado esas muertes. Lo que pretenden: seguir la lucha ideológica. Siento que la muerte de las niñas será un medio para alcanzar diversos fines porque Maquiavelo sigue presente en la mente de demasiados. Ese triste, penoso y lamentable suceso servirá en el futuro inmediato para justificar cualquier cosa, desde la subida de impuestos hasta la pena de muerte; desde la reforma política hasta el cambio de gobierno. Un emotivo comodín que permitirá construir no importa qué discurso.

Se ha obviado —no genera réditos— la discusión de ciertas razones de fondo que podrían servir como solución o paliativo. ¿Por qué no aprobar una ley de Servicio Civil que seleccione a burócratas sobre perfiles de idoneidad? Porque resta poder a sindicatos y políticos. ¿Por qué no agilizar la ley de adopciones, asegurando que todo sea correcto, pero que los menores no se hagan adultos sin ser adoptados? Porque la burocracia —nacional e internacional— lo impide. ¿Por qué se mezclaban en ese Hogar niñas en conflicto con la ley con abandonadas, violadas por familiares o adolescentes? Porque les ha pelado a quienes han pasado por ahí, y como sociedad, a todos nosotros. ¿Por qué no privatizar esos servicios si el Estado no puede? ¿Por qué no diseñar políticas públicas sobre la base de principios y responsabilidad, y sí sobre asistencialismo? Porque generan votos de “minorías” vulnerables y lo importante no es difundir responsabilidad —paternal y maternal en este caso—, sino vender la imagen de un Estado lastimero que se “preocupa” por los débiles y abandonados ¡Mentira!, tal y como el triste resultado demuestra. Había escrito que un día iba a pasar lo mismo en una prisión, un psiquiátrico o un centro de detención juvenil, cuando el fin de semana ocurrió lo del Centro Etapa II. ¿Realmente nos importa?

Conformar una sociedad requiere reglas generales, claras, precisas, que se apliquen y sustentadas en responsabilidad. Quienes tenemos hijos debemos asumir el rol de padre o madre. El que carece de medios debe saber hasta dónde comprometerse. Todos tenemos que aportar y no esperar que otros paguen la educación, la salud, las carreteras o la vivienda. Nos han engañado —y lo hemos creído— con inexistentes derechos colectivos cuando no son más que aspiraciones sociales, metas, objetivos, y no otra cosa. El liberalismo clásico, al que acusan de “egoísta”, admite la subsidiariedad del Estado, pero exige compromiso de los miembros de la comunidad. Reprueba, sin embargo, a quienes no quieren asumir su papel igualitario en una sociedad diversa, con voluntades diferentes, deseos variados y fines complejos. Solo nos unen la igualdad como seres humanos y la responsabilidad de nuestras acciones, y eso es lo que estamos destruyendo permanentemente por intereses espurios y políticas que fomentan la asistencia sin obligaciones.