Opinión

Tiempoy destino

Cardenal Pell es procesado en un tribunal de Australia

Luis Morales Chúa

Luis Morales Chúa

“Sin Dios no somos nada” es una frase católica que ha dado la vuelta al mundo, en la permanente discusión con los ateos acerca de la pregunta: ¿Realmente existe Dios?

El autor de la frase es el cardenal George Pell, quien hasta hace poco tiempo era tesorero del Vaticano, y el tercero en la jerarquía administrativa de ese micro Estado, situado en el corazón de Italia, gobernante espiritual de unos 1,300 millones de personas en el mundo.

La popularidad de Pell a nivel mundial se origina en el papel que ha desempeñado en los debates públicos en torno a la contradicción entre fe y ciencia; el ateísmo y el laicismo occidentales y algunas legislaciones sobre la materia.

Uno de los debates famosos acerca de esos asuntos fue el sostenido en un estudio de televisión con el biólogo ateo Richard Dawkins, en 2012, un etólogo, zoólogo, biólogo evolutivo y divulgador científico británico, cuyos libros se venden por millones en todo el mundo. Sostiene la idea de que un creador sobrenatural (Dios) no existe y que “la creencia en un dios personal es un delirio, una persistente falsa creencia”.

Dawkins, oportuno es citar, hace algún tiempo intentó, sin lograrlo, llevar al papa Benedicto XVI ante la Justicia, aprovechando la visita que haría al Reino Unido en esa oportunidad, por los abusos sexuales atribuidos a sacerdotes católicos.

Pero, lo esencial de mi parte en este comentario de fin de semana, es que ha comenzado en Melbourne, Australia, un proceso penal contra el cardenal Pell. La policía de Victoria, un estado australiano, lo ha venido investigando durante varios años y finalmente ha presentado una formal denuncia contra él. Lo acusa de haber tenido, durante varias épocas de su ministerio religioso, actos sexuales con niños de corta edad; cargos que el cardenal niega vehemente y para probar su inocencia ha viajado desde su oficina en el Vaticano a Melbourne para ponerse a disposición del tribunal donde confía, dice, probar que el proceso se fundamenta en hechos inexistentes y en un afán insano de difamarlo.

La primera audiencia será el 26 del mes en curso. Estremecerá al mundo religioso

¿Qué tiene de interesante para la opinión pública guatemalteca ese proceso penal contra un alto funcionario de El Vaticano? Pues, que la ley común está por encima de toda persona, sea cual fuere su poder jerárquico, y que el interés superior del niño debe prevalecer sobre cualquiera otra consideración civil o religiosa.

En este caso, destinado a ser uno de los procesos de mayor publicidad en lo que va del siglo presente, es ejemplar la actitud de El Vaticano porque, antes de intentar sustraer al cardenal del juicio en la jurisdicción ordinaria, le ha dicho que se entregue a las autoridades civiles australianas y se defienda con los mismos medios jurídicos vigentes para personas comunes que no ostentan poder alguno en las organizaciones políticas o religiosas y que en muchos casos carecen de dinero para el pago de abogados. Es un no a la impunidad.

La actitud del Papa en este caso fortalece la decisión adoptada hace algunos años, de tolerancia cero a sacerdotes abusadores, sobre los cuales cae, si son declarados culpables, la excomunión, además de las penas que les impongan los tribunales de justicia.

Y en el caso comentado, necesario es decir que no está siendo procesada la Iglesia, sino uno de sus funcionarios. Otros más pueden ser procesados en el futuro. Al igual que prominentes predicadores de otras denominaciones religiosas, como ya ha sucedido.