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EDITORIAL

Chapuces evidencian incapacidad ejecutiva

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Patéticas y preocupantes son las escenas en las que se ve a un grupo de soldados intentando cubrir los agujeros de un tramo de la carretera que de Escuintla conduce hacia la frontera con México.

Ese esfuerzo es inútil porque se está haciendo sin el más mínimo conocimiento por parte del personal del Ejército, que no cuenta con el equipo necesario ni los materiales adecuados para emprender una labor para la cual nunca fueron preparados ni deben serlo, porque no es esa su función. De eso solo puede responsabilizarse al presidente Jimmy Morales, por haberse empecinado en efectuar esos trabajos de la manera menos recomendable.

Al mandatario no solo se le debe responsabilizar por ese desatino, sino también por los costos económicos de esos chapuces, que están condenados al fracaso, y alguien debería pagar los costos porque literalmente es dinero tirado al desagüe, pues con el primer aguacero se lavará ese material, que no ha sido preparado de la manera adecuada para efectuar labores de bacheo en forma técnica.

Es casi seguro que de esas decisiones sean responsables personas cercanas al presidente, que insisten en meter al Ejército en tareas que no le corresponden, para las cuales no ha sido preparado. Aunque no fuera así, la responsabilidad recae sobre Morales, por no saber detener esas sugerencias inviables que solo buscan generarle ingresos de una de las peores formas a un cuerpo concebido para otras tareas.

Uno de los mayores problemas de este gobierno es que busca dar trabajo a gente cercana a los jerarcas del partido oficial, y esas exigencias hacia ministros, secretarías y cuanta oficina pública susceptible de ser chantajeada están poniendo en problemas al presidente, quien está presionando por todos lados para darle cabida al clientelismo, con lo cual se está exponiendo a deteriorar aún más su desgastada imagen.

Ese afán de apoyar a funcionarios a cambio de que reciban nuevos empleados amenaza con generarle una mayor crisis a esta administración, pues entre las presiones de diputados y personas influyentes en el círculo presidencial se está acrecentando un desorden que solo acentuará la precariedad en el sector público, tan urgido de personal capacitado.

Si no son presiones del Ejército, o de personas cercanas a los militares y que además tienen fuerte influencia sobre el presidente, se debe dar marcha atrás en el abuso en que está incurriendo el mandatario de querer convertir a efectivos castrenses en obreros mil usos, pues al principio fue el mobiliario escolar y ahora se les saca a las calles para fracasar en una tarea para la cual, es bueno repetir, no están preparados.

Es poco serio lo que se hace con los integrantes de una institución llamada a cumplir un papel de mayor relevancia, sobre todo porque el bacheo de carreteras no es un asunto de calamidad, como lo quiso hacer creer el Ejecutivo, y en cambio aumenta la percepción de un ministerio de Comunicaciones ineficiente e incapaz de cumplir con sus obligaciones, y siendo este el segundo con el mayor aporte en el presupuesto, resulta más que vergonzosa la parálisis a la que ha sido llevado por las actuales autoridades.