Opinión

sin fronteras

Colapso documental en consulados

Pedro Pablo Solares

Pedro Pablo Solares

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Pasaportes

Ay, Guatemala y sus problemas. Somos únicos en verdad. ¿Sabe usted la forma tan peculiar como recibió el país al régimen de Trump? Lo hizo dejando de entregar pasaportes a sus ciudadanos; y en ese contexto, a sus migrantes, en particular. Parece un acto de sadismo puro, una broma de feo gusto. Pero mire esta ácida cruel ironía: La mismísima semana que Trump quedó electo, fue cuando se agotó la provisión de cartillas de pasaporte. Así, desde noviembre, quienes lo solicitan en el país obtienen una calcomanía de renovación temporal. Un chapuz. Pero quienes lo solicitan desde un consulado en el exterior, ni siquiera eso. Reciben la promesa de entrega en dos meses. Pero hasta ahora, desde noviembre, y acompañado del silencio oficial, los meses se acumulan y con ellos, los documentos sin llegar. El lío, como imaginará, es absoluto.

Para captar la relevancia de este asunto es necesario comprender que para un migrante indocumentado el pasaporte puede representarlo todo en la vida. En un retén policial, un pasaporte en orden puede apiadar al agente, permitiéndole regresar a casa; a casa, donde le espera su familia. Desde Trump, se ha recomendado que todos ordenen sus asuntos personales. En un banco, ese documento le permite al migrante retirar el ahorro de una vida de trabajo. También lo necesitarán quienes han logrado una ansiada cita para pedir residencia legal en Migración. Hoy día se vive la tragedia de padres indocumentados que temen que, si ellos son expulsados, sus hijos nacidos en EE. UU. puedan quedar en custodia estatal. Por eso buscan con urgencia el pasaporte de sus niños, para viajar juntos en caso de que sea necesario. Pero hasta ese trámite, trascendental para la unión familiar, es imposible para los guatemaltecos que andan indocumentados de su propia patria.

Al deducir competencias, asumo que el colapso tiene génesis en la Dirección de Migración. Pero no creo que exima de responsabilidad a las oficinas de gobierno encargadas del bienestar de los migrantes. No es primera vez que sucede este infortunio. También en 2012 las cartillas se agotaron, y la red consular entonces suspendió la recepción de nuevas solicitudes. El pandemonio fue tal, que debió servir como lección para nunca repetir. Lastimosamente, parece que lo de entonces no fue suficiente, pues ahora ni presidente, ni ministros, ni diputados, comisionados, procuradores, ni nadie, advirtió el problema hasta que ya fue demasiado tarde.

El pánico colectivo del migrante es real. Como consecuencia, los consulados están desbordados por quienes buscan prepararse. Y cada día, miles de solicitudes engrosan el saco de gestiones pendientes, sin que haya una explicación oficial que palie una crisis que afecta la credibilidad de los cónsules ante usuarios finales y organizaciones comunitarias, indispensables para conectar con la población. Guatemala ha anunciado intención de instalar equipo para entregar pasaportes en el mismo día —como es en países vecinos—. Pero hoy, los cónsules necesitan apoyo ministerial, y el ministro, considero, necesita el apoyo de la Presidencia, quien debe intervenir sobre las dependencias pertinentes.

Alguna vez escuché a Gustavo Porras señalar cómo en Guatemala tenemos costumbre de querer empezar por donde aún no hemos llegado. Nada más cierto que para la triste situación de los migrantes aterrorizados por la deportación. Con esto de Trump y la visita de Kelly, los medios nacionales pretenden participar del debate avanzado que quizás sea más válido para otras latitudes. Aquí, con nuestro Estado chambón, la triste realidad es que aún somos incapaces de siquiera cumplir con la simple obligación de entregar un mísero pasaporte.

PD. Y Renap, con sus certificados y DPI va por el estilo.

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