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Colombia: subsisten aún muchas dudas

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Es explicable que el anuncio realizado el miércoles por el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y por el representante de las FARC, Luciano Marín, alias Iván Márquez, haya sido aplaudido por ambos y por las autoridades cubanas, porque sin duda es algo positivo: el fin de los 52 años de la más larga guerra de guerrillas en el continente americano. Sin embargo, quedan abiertas algunas dudas, necesarias de aclarar, con el fin de que posteriormente el hecho no sea cubierto por el opaco velo de la decepción en gruesos sectores de la sociedad colombiana y, en general, de los pueblos latinoamericanos.

Es explicable también que la ONU y otras instituciones internacionales se unan a las celebraciones. Sin embargo, es necesario comenzar con que el silencio de las armas es uno de los pasos más importantes, aunque debe ser acompañado de otros factores colaterales de importancia. El más relevante lo constituye el plebiscito por el cual los colombianos le darán legitimidad a lo decidido en La Habana después de cuatro años de negociaciones, a lo que debe agregarse la larga serie de diálogos entre diversos gobiernos de Colombia y la guerrilla más sanguinaria del continente, que además siempre mantuvo vínculos con narcotraficantes.

El documento oficial tiene más de doscientas páginas y su lectura debe ser cuidadosa, porque de esa manera se pueden evitar malos entendidos y comprender los alcances. Por aparte, el riesgo mayor lo señala la posibilidad de que no se llene el porcentaje de asistencia cuando los colombianos se expresen, así como cuáles serán las relaciones de los guerrilleros ahora convertidos en fuerza política con el mundo del narcotráfico, cuya presencia es un hecho indudable y tiene conexión directa con mucha de la violencia en países como México y Centroamérica, situados en la ruta de las drogas hacia Estados Unidos, el principal mercado.

Se debe tomar en cuenta también que desde el punto de vista de política interna, al actual gobierno colombiano le conviene la decisión tomada. Por todo ello es necesario celebrar el hecho de que se haya llegado a este acuerdo, pero al mismo tiempo tener la conciencia de que queda mucho por hacer y por asegurar que ese convenio alcance también a otros grupos alzados en armas que, aunque de menor importancia que las FARC, pueden ocasionar problemas difíciles de prever y de consecuencias imposibles de diagnosticar.

Por aparte, después de 52 años de sangre, prácticamente no existe un solo colombiano que no haya sido afectado directa o indirectamente por este enorme lapso. Es natural que pidan explicaciones, y deben ser convencidos de que la matanza debe ser detenida. El drama humano en este tipo de condiciones reviste dolor infinito, aunque ya haya olvido.

El mensaje, entonces, debe ser de una satisfacción cuidadosa. El fin de toda guerra civil depende sobre todo de que se logre convencer, porque existe realmente la buena voluntad de las partes. Es fundamental que no haya ningún tipo de privilegios políticos, porque se está hablando de condiciones dentro de la democracia, una de cuyas características principales es la igualdad ante la ley, y que se logre convencer a todos de la necesidad de ver hacia adelante, en búsqueda del beneficio, y de llorar cada quien sus propias lágrimas.