Opinión

Registro akásico

Contestación dedicada a un capitán nostálgico

Antonio Mosquera Aguilar

Antonio Mosquera Aguilar

No se accede a publicar la refutación de la columna Un espectro se agita por estólidos, porque el derecho de réplica procede cuando ha sido aludida una persona. Dicho artículo solo indica que hay comentaristas involucrados en una campaña de exaltación de dudosas personalidades fallecidas, responsables de haber impulsado escuadrones paramilitares de la muerte.

No obstante, en atención a las preocupaciones manifestadas por un historiador militar en redes sociales, que alcanzaron suficiente difusión, se le refuta. Nuestro objetor indica que se ha montado un circo judicial después de informes de la Remhi y la manipulación que Gustavo Meoño Brenner realiza en el archivo de la desaparecida Policía Nacional.

Se puede disentir sobre los hechos del enfrentamiento armado, pero los procesos judiciales surgen por acusaciones del Ministerio Público. Guardan garantías procesales y sustantivas de un juicio justo. En combate pueden suceder excesos. Para fortalecer la moral militar y respetar el derecho humanitario, se enjuicia a los responsables. Los tribunales resolverán.

Son nostálgicos, quienes siguen discrepando con turbación por lo ocurrido, hace medio siglo. Muchas veces, se deforman situaciones por resquemores y hasta odios. La historia no se construye con la emoción a flor de piel sino con una valoración crítica de la documentación disponible. Por eso cambia, porque se descubren nuevos elementos de convicción que permiten ajustar mejor el juicio histórico.

Se necesita esclarecer posiciones. Por una parte, las agrupaciones prohibidas tanto las comunistas como las revolucionarias o rebeldes, no tenían un pensamiento único. Nuestro antagonista, no hace ninguna distinción entre las corrientes del PGT, una de las cuales se denominó Comisión Militar o COMIL, y las demás. En su ardor, confunde tiempos. Menciona al EGP como actuante, una década antes de haber sido formado. De la misma manera, en las FAR hubo unas primeras y unas segundas. Se sabe que hubo unas rebeldes y unas revolucionarias así como existía un continuo alineamiento de posiciones.

Por otra parte, tal debate también ocurría en las agrupaciones políticas permitidas donde se recurría al asesinato político, como los de Alberto Fuentes Mohr y Manuel Colom Argueta. Cuando se busca deslindar responsabilidades, posiciones y alianzas, el límite es una escala que pasa desde colaborar hasta el mínimo de dialogar, antes de romper. En todas las posiciones políticas existe dicha gradación. Las organizaciones existen, no para multiplicar siglas sino porque hay disenso.

La mayoría lamenta las muertes ocurridas, incluso los llamados ajusticiamientos. La justicia no puede ser una ejecución sumaria, de una persona o de una aldea. Los Acuerdos de Paz no son obra del expresidente Portillo. Imperfectos e incompletos, representan un anhelo de convivir civilizadamente. Ciertamente medran oenegeros e indolentes funcionarios internacionales. El debate no es una hermenéutica sobre esos textos sino la propuesta que los desarrolla y hasta los amplía. Reconciliarse no es continuar la disputa sino pasar a otra cosa.

Ya basta de afirmar que los cubanos entrenaron a todos los que pregonaban el cambio en el país. Cualquier ciudadano desea que todo mejore para vivir en paz. Ese anhelo impulsa a luchar. Igual, solo los trasnochados hablan de imperialismo yanqui.

No se debe confundir a las generaciones actuales que sólo conocen el pasado por lo que sus mayores refieren. La historia es un campo para gozo personal. Encolerizarse no ayuda. El debate debe ser sobre el futuro, para los que viven el presente.

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