Opinión

Catalejo

Datos explican el pánico de enemigos de la prensa

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

Cuando gente como Álvaro Arzú papá lanzan andanadas contra la libre emisión del pensamiento, la prensa, los reporteros, así como a “las cabezas” de los medios, demuestran su temor a la divulgación de ideas distintas y de verdades de peso. Pero además temen a la cantidad de personas a quienes alcanzan los mensajes y a la fuerza otorgada por la credibilidad creada a lo largo de muchos años, indudable y naturalmente superior a la de quienes se han pasado la vida mintiendo, exagerando, aprovechándose de los puestos para beneficio personal, cometiendo errores —por no decir traiciones a bienestar del país—. Al ser analizados los números del alcance de los medios, irónicamente éstos explican el pánico implícito en las amenazas.

No tengo datos de los medios en general, pero sí de dos: Guatevisión y Prensa Libre, de los cuales tengo el honor de ser presidente y vicepresidente. Ambos juntos tienen alcance de 1.6 millones de lectores y televidentes. En sus páginas web llegan a 7.5 millones de usuarios únicos; en Facebook, a 4.5 millones y en twitter, a dos millones, según bases de datos internas. Para horror de los politiqueros, ambos medios tienen algunos años de estar presentes en las plataformas tecnológicas actuales, además de las tradicionales. Por ello, los agoreros de la muerte de los medios fracasarán de nuevo, como lo hicieron al predecir la muerte de la prensa al aparecer la radio, luego con el advenimiento de la televisión abierta y de cable y después con las redes sociales.

Cuando se hacen arengas para ahogar a los medios independientes por medio de la decisión absurda de eliminar la publicidad, esto equivale a pegarse un tiro en el pie, porque los matamedios se quedan sin lugar dónde llevar los mensajes publicitarios al público, sino de presentar sus puntos de vista y eventualmente recibir el beneficio directo o indirecto otorgado por las columnas de opinión. Los intolerantes, sobre todo cuando son obcecados, no tienen capacidad de analizar el panorama, sino apenas una parte de éste. Quienes dirigen las empresas y tienen claras las ventajas de la prensa no estatal, laica, ajena a criterios exclusivos de sectores sociales específicos, no se pueden dar el lujo de escuchar a los agoreros del mal, mucho menos de unirse a quienes insultan y ponen en potencial peligro la existencia de los medios.

La mentalidad dictatorial y autoritaria tiene, cuando piensa en los medios, la característica de verlos como si todos tuvieran a una especie de Apolo maligno lanzando rayos contra una persona, un grupo o una empresa específicos, escogida cada día o cada cierto tiempo. La falta de cultura no permite conocer el viejo aforismo según el cual un hecho, una noticia, trae su titular bajo el brazo, y trae su número de editoriales y de columnas relacionadas. El periodismo de opinión puede ser ejercido por cualquier persona, aunque no pueda escribir un texto informativo. En el editorial y la columna se afianza la necesidad de la experiencia en el tema y de la capacidad de análisis. Por eso su papel muchas veces tiene mayor importancia.

Este tipo de periodismo de opinión y por ello muchas veces de orientación, tiene en la prensa escrita su mejor forma de presentarse, por la sencilla razón de su permanencia física en el tiempo. Allí se aplica otro aforismo: “no hay nada más viejo que el diario de ayer, ni nada más actual que el de hace veinte, cincuenta o más años”. Todas estas consideraciones deben ser presentadas porque los enemigos del periodismo “negativo” le otorgan tal calificativo a cualquier noticia o columna con criterios distintos a los de los dictadores mentales, para quienes lo importante es eliminar al mensajero, no a los motivos porque el mensaje es distinto al de ellos. Ellos saben del poder de la prensa independiente y por eso su estéril batalla por acabarla a golpazos.