Opinión

EDITORIAL

Deterioro se acentúa en diferentes frentes

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La criminalidad generalizada, junto a la corrupción, se erigen como los mayores valladares para que Guatemala escale posiciones en el escalafón mundial de países competitivos y más bien se registran retrocesos, pese a que la más reciente medición ni siquiera captó los vaivenes políticos de las últimas seis semanas, los cuales han acrecentado la incertidumbre nacional.

Esta semana, Fundesa presentó los resultados más recientes del informe del Foro Económico Mundial sobre competitividad y son desalentadores porque Guatemala retrocede seis posiciones en el escalafón mundial, en una medición que se efectuó en los primeros cinco meses del año y no recoge las percepciones a partir de los acontecimientos desencadenados por el presidente Jimmy Morales, quien muestra una actitud reacia en los esfuerzos anticorrupción.

En este nuevo informe, el país se coloca en la posición 84 de 137 naciones evaluadas y los rubros que más contribuyeron de manera negativa en ese retroceso son, en su orden, el crimen, la corrupción, burocracia ineficiente, infraestructura insuficiente y mano de obra no calificada.

La inestabilidad política o golpes de Estado se ubican entre los primeros seis factores para esta valoración, pero dicho muestreo se hizo de enero a mayo del presente año, con lo cual tales eventos serán determinantes en la siguiente evaluación, que puede ser más dramática en la medida en que no se encuentren salidas satisfactorias a la peor crisis institucional de nuestra historia.

En el lado opuesto de estos indicadores se ubican la inflación, la regulación en el tipo de cambio, sistema de salud ineficiente, poca capacidad para innovar y la ética de la fuerza laboral, como los que menos inciden en la mejora de la competitividad y son vistos como factores que, pese a ser deficitarios, como es el sector de la salud pública, ayudan poco a contrarrestar el enorme peso de los negativos.

En cambio se destacan como ventajas competitivas la solidez bancaria, la cual nos ubica en los primeros lugares de las naciones atractivas para los negocios, al igual que los derechos legales o el costo de los servicios financieros, que por sí solos nos permitirían escalar muchos peldaños pero resultan insuficientes ante el peso de la inmoralidad en el servicio público.

A ese gris panorama se suma una infraestructura vial deficiente, la cual no ha crecido ni un kilómetro con la actual administración y más bien es con las autoridades de este gobierno cuando más marcado ha sido el deterioro y el abandono de la red nacional de carreteras, lo cual se ha agravado de manera dramática en pocas semanas de copioso invierno, al punto de poner en riesgo el comercio regional.

Estos factores, junto a la violencia y la corrupción, son los que claramente colocan a Guatemala entre los países menos competitivos del mundo y los más rezagados de Latinoamérica, y en lugar de reducir esa brecha y encarar las debilidades de un modelo en crisis se acentúan las acciones opuestas al buen gobierno y a las sanas prácticas de transparencia, situación por demás intolerable, porque el avance de un país no debería estar en manos de un grupo de gente ineficiente e inescrupulosa.