Opinión

A contraluz

Ejército al servicio de la oligarquía

Haroldo Shetemul

Haroldo Shetemul

El coronel Édgar Rubio Castañeda dio a conocer su libro Desde el cuartel, otra visión de Guatemala, el 4 de abril pasado, y 50 días después ya estaba frente a una Junta de Honor del Ejército que le exige pruebas de sus señalamientos porque, según la alta jerarquía militar, daña el honor de esa institución. ¿Por qué causa tanto escozor este libro con un planteamiento ético y no la corrupción y las violaciones a los derechos humanos cometidos por otros militares? Porque es la primera vez en la historia reciente que un militar en activo se atreve a hacer una autocrítica del Ejército y a señalar a la cúpula castrense de haber servido a la oligarquía y no al pueblo. Pienso que es un llamado legítimo ahora que la imagen del Ejército ha caído por los suelos por el involucramiento de altos oficiales en corrupción y actos de lesa humanidad.

Según Rubio Castañeda, históricamente la cúpula del Ejército ha estado al servicio de la oligarquía, a la cual define como las redes familiares que han amasado inmensas fortunas a costillas del Estado. “Estos mandos militares, que incluyen al (ex) presidente Otto Pérez Molina, se desviven por quedar bien con estas familias, aunque saben que no son tomados en cuenta para los beneficios particulares de las decisiones trascendentales que toman, sino únicamente para ejecutarlas y cumplirlas”, expresa. Según el autor, la cúpula militar ha llegado al extremo de “reprimir y oprimir ilegalmente al pueblo cuando manifiesta sus inconformidades con relación al sistema y al modelo neoliberal”.

El coronel afirma que debido a ese servilismo hay serias acusaciones de violaciones a los derechos humanos y de corrupción contra militares, “por defender un sistema desigual e injusto”. Entre los clanes que han usado al Ejército, Rubio Castañeda señala a la familia Gutiérrez Bosch, que “ejerció de manera directa y contundente el poder con los gobiernos de Ramiro de León, Álvaro Arzú, Óscar Berger y Otto Pérez. Con el último se dieron el lujo de que el color naranja del Partido Patriota fuese igual al del logo de Pollo Campero, su marca insignia”. Indica que esa familia ejerció el poder indirecto en los gobiernos de Cerezo, Serrano, Portillo y Colom.

Para el autor del libro, los generales del Ejército con aspiraciones presidenciales logran el máximo grado militar, no por méritos propios, sino por su subordinación al poder económico. Agrega: “Bien valdría la frase que reza: ‘Detrás de un militar con el grado de general hay un oligarca’”. El autor señala la existencia de 22 familias que a lo largo de la historia del país han detentado el poder, pero asegura que en la actualidad son cinco clanes los más fuertes: “Los señalamientos a esas cinco familias poderosas (Gutiérrez, Castillo, Herrera, Paiz y Novella) trascienden nuestras fronteras y son conocidos en el ámbito internacional como evasores de impuestos y por consolidar sus negocios con base en privilegios sin competir con nadie”. Afirma que esa oligarquía se sirve de los medios de comunicación para mantener el statu quo.

En su autocrítica, el coronel dice que “los generales nunca han estado al servicio del pueblo, por estar vinculados a las familias más poderosas”, por lo que hace un llamado a un cambio de actitud ética. El autor cuestiona: “¿Qué militar quiere pasar el resto de su vida preso por reprimir a su pueblo y ser un violador de los Derechos Humanos? Ninguno”. Después de leer este libro pienso que Rubio Castañeda ha sido valiente al hacer estos planteamientos que, como se ve, han causado malestar en la cúpula del Ejército. Pero en lugar de que el coronel sea sancionado por ejercer su derecho a la libre expresión, bien vale la pena que este texto sea el principio de un debate en la sociedad civil y la sociedad uniformada.

@hshetemul