Opinión

Mirador

El ajedrez hondureño

Pedro Trujillo

Pedro Trujillo

La lentitud en el conteo de votos en Honduras ha generado violentas manifestaciones internas y múltiples especulaciones sobre fraude electoral. Pero de quedarnos ahí, en lo coyuntural, se corre el riesgo de no visualizar el complejo fondo del problema.

El nuevo siglo y los acontecimientos que trajo —fundamentalmente los atentados de 2001 en Nueva York— concentró la atención de la política exterior USA en Oriente Medio: Irán, Irak, Afganistán y Siria, fundamentalmente, aunque no de forma exclusiva. Además, la poco afortunada política exterior de la administración Obama, la consolidación de Putin en Rusia y la habitual indecisión europea, hicieron que el liderazgo internacional —desde la visión realista de las relaciones internacionales— se reordenara, situando a la cabeza a Rusia y China más que a USA o a la tradicionalmente alejada UE.

Irán penetró hábilmente en América Latina y, muerto Chávez, fue sustituido por Rusia y de distinta forma por China, ambas, ante el defaut económico de la petrolera venezolana PDVSA, acudieron inmediatamente en su auxilio. China sustituyó a Taiwán en Costa Rica —regaló el estado de fútbol valorado en US100 millones— y recientemente en Panamá que recibe el 71% del total de las inversiones centroamericanas. Colocó una inmensa cantidad de dinero en el canal de Nicaragua, coqueteó con Honduras y El Salvador y de haber llegado al poder Baldizón tendría alta presencia en Guatemala. Rusia, por su parte, equipo militarmente a Venezuela y dotó de 50 tanques T72 a Nicaragua, además de instalar en dicho territorio una estación satelital. En otros países de la región beca a cualquier cantidad de estudiantes en más de 500 carreras de forma que en una década los egresados rusos que laboren en Centroamérica superarán seguramente el total de graduados en otros países.

La dictadura venezolana —remedo de la cubana— sigue en su pretensión expansionista: Nicaragua y El Salvador están “bajo su esfera”, en Honduras se intentó con Zelaya —de ahí la situación que ahora se vive— y en Guatemala siguen los acercamientos iniciados con la UNE y mantenidos por personajes como Pablo Monsanto, además de otros afines al régimen autoritario. Colombia, por su parte, contribuye al tablero de ajedrez como un peón que llega al final —a pesar del rechazo en referéndum del acuerdo de paz diseñado en Cuba— y se convierte en pieza clave para proseguir la penetración a través de la FARC como fuerza política.

La Guerra Fría, cuando dos ideología se confrontaban con misiles, ha mutado a La Guerra Mediática en la que se usan las redes sociales, “la democracia”, la “paz” y conceptos que llegan más al ciudadano medio. El papel de Rusia en procesos electorales como el norteamericano o el intento de independentismo catalán, además de los hacker detectados en China, lo corroboran.

Está en proceso, sin advertirlo, una sórdida batalla producto de la penetración en América Latina de esas grandes potencias y seguramente de la reacción USA que ve una amenaza, no ya de armas nucleares sino de promoción del crimen organizado, mafias, lavado de dinero y sobre todo la probabilidad de utilizar esos vectores para facilitar al terrorismo islámico radical alcanzar las fronteras norteamericanas.

El problema en Honduras no es el recuento de votos sino quién se queda y porqué. Zelaya intentó un burdo golpe de estado para reelegirse y la respuesta de la oposición —poco creativa— ha sido casi idéntica, lo que deslegitima el resultado cualquiera que sea y evidencia más claramente que en el tablero de ajedrez pelean, como siempre ha sido, extrañas piezas que nadie colocó allí al inicio de la partida.

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