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El complejo caso de Byron Lima

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

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Byron Lima Oliva

MUCHOS SERÁN LOS ANÁLISIS y comentarios acerca del complicado caso del capitán Byron Lima, cuya violentísima muerte encaja dentro de una lógica macabra, por la cual, si bien provocó sorpresa, no fue a consecuencia de un hecho no contemplado en la violencia, la ilegalidad, el desprecio a la ley y a la vida humana imperantes en el país desde hace demasiado tiempo. Son numerosos los puntos de vista, muchas veces mezclados, desde los cuales se pueden explicar las razones de uno de los asesinatos político-delincuenciales más sonados de los últimos años. Fue alguien cuya eliminación convenía directa o indirectamente a demasiadas personas.

ME PARECE NECESARIO referirme a un error de uso de lenguaje al referirse a lo acontecido. Lima no fue “ejecutado”, sino simple y llanamente asesinado. No es lo mismo. La ejecución, en su sentido da dar muerte a un reo, recluso o condenado, solo la puede realizar el Estado cuando aplica un castigo legal, la pena de muerte (cuyo nombre debería ser el de pena de vida). Aunque un reo, es decir, alguien “merecedor de castigo por haber cometido una culpa que merece castigo” (Diccionario de la Lengua Española, 2014) pierda la vida a causa de la acción criminal de alguien más, el hecho no deja de ser un asesinato, es decir “matar con alevosía (traición, perfidia) ensañamiento o por recompensa”. Todo ello se cumplió en este caso.

CUANDO ALGUIEN LLEGA A tener semejante cuota de poder real, es necesario ver este factor como un efecto de causas muchas veces desconocidas o solo sabidas por un grupo muy reducido. Si se debe a haber realizado trabajos sucios, quienes se beneficiaron con estos se convierten en posibles blancos de acciones ilegales. Es el caso de las operaciones internas de “limpieza” realizadas para hacer definitivamente a un lado a quienes simplemente llegan a saber demasiado de muchas personas. Esa medalla tiene la otra cara del temor de esos hombres poderosísimos de cualquier filtración en su seguridad, un hecho cuyo único resultado es la aplicación del viejo adagio según el cual uno puede cualquier día morirse dentro de su propia ley.

LOS PODERES OMNÍMODOS tienen la particularidad de provocar el surgimiento de personas o de grupos interesados en hacerlos suyos y convertirse, a veces literalmente, en dueños de vidas y haciendas. Eso muchas veces los hace convencerse a sí mismos —porque constantemente son ensalzados por quienes les temen o les están agradecidos— de ser personas justas porque aplican una curiosa “justicia” muy personal y similar al ojo por ojo, diente por diente. Por estas causas, se cimienta la posibilidad de luchas intestinas imposibles de llevar a un resultado distinto de la eliminación física, es decir del asesinato, tanto de ese rey absoluto como de la mayor cantidad posible de integrantes de su corte, de sus “caballeros de la mesa redonda”.

EN TODO ESTE ANÁLISIS no se puede eliminar la posibilidad del llamado crimen por razones de Estado, ya en su momento explicado por Maquiavelo. Estos factores mencionados, al combinarse no sólo llevan al asesinato del todopoderoso, sino complican sobremanera llegar a la verdad, porque además en estos casos se confirma la existencia de varias verdades, con un centro común en una relación similar a la de la corola con los pétalos de la margarita. La eliminación de Byron Lima cierra para siempre unas puertas pero abre nuevas ventanas, y la preocupación no desaparece sino nada más se transforma, porque aunque ya no se encuentre en forma física, es imposible saber si no hay escritos comprometedores listos para salir a la luz del día.