Opinión

Presto non troppo

El Cuarto de Verónica

Paulo Alvarado

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Se iniciaba la segunda mitad de la década de 1990, cuando el director, actor, escenógrafo, arquitecto y entrañable amigo Joam Solo decidió montar un muy bien urdido “thriller”, El Cuarto de Verónica, del escritor norteamericano Ira Levin (en un mes se cumplirán cabalmente diez años de su fallecimiento). La producción causó tal impacto que además de su éxito con el público, arrasó con todos los galardones del Premio Muni a la Excelencia Teatral en 1997. Mejor director, mejor actor, mejor actriz, mejor escenografía, mejor luminotecnia y mejor música original. No era para menos. Con un elenco de primera, María Teresa Martínez, Xavier Pacheco, Patricia Orantes y William García Silva, así como los recursos concebidos y plasmados por el director, me cupo el gran gusto y el honor de ser invitado como compositor, para crear la banda sonora de la obra.

Va casi sin decir que Ira Levin ostentaba credenciales para convencer plenamente a un realizador de la talla de Joam Solo al punto de traducir y dirigir su propia interpretación de Veronica’s Room en Guatemala, ahora por cuarta ocasión en dos décadas. Célebre por su novela Rosemary’s Baby (El Bebé de Rosemary), publicada hace medio siglo, en 1967 –y llevada al cine más adelante, de igual modo que muchas de sus otras creaciones–, este relato posicionó a Levin y le brindó reconocimiento como un pionero del así denominado Género de Horror. Así llegó a fungir como precursor de libros y películas de terror e incluso, por contradicción, de fanatismos que le guardan animosidad a esa clase de literatura y cinematografía, a partir de diversos fundamentalismos religiosos. Además, Levin fue autor de otras novelas de gran alcance, tales como Un Beso antes de Morir, o Los Niños del Brasil. Se distinguió, también, en su calidad de dramaturgo, desde su primera adaptación de la cómica No time for Sergeants (No hay Tiempo para Sargentos) hasta la dramática Deathtrap (Trampa Mortal). Esta última sigue clasificada a la fecha como la pieza de suspenso más taquillera de la historia en Broadway.

Eso sí, no intentaremos ni viene al caso resumir el argumento de El Cuarto de Verónica, dividida en dos actos y representada en el ambiente de una sola habitación, para no echar a perder la sorpresa del espectador cuando se devela la profundidad psicológica de la trama. Lo que buscamos es resaltar la calidad con que ha subido a escena. De entrada, con el elenco actual, es de aplaudir el excelente desempeño actoral de Mónica Sarmientos y de Jorge Hernández Vielman, muy bien complementados por una pareja de generación joven, Daphnne Aldana y Julio Daniel de León, siempre bajo la visionaria dirección de Joam Solo. Si a esto aunamos el cuidadoso manejo y la integración de los demás signos teatrales a cargo del elenco técnico, en el espacio escénico que Joam logró revitalizar con ingenio y con grandísima dedicación (a más de mantenerlo vigente de hace 12 años), estamos ante un espectáculo completo. La densidad de la intriga que se va construyendo en ese “Cuarto” y la intensidad con que los artistas desarrollan y dan vida a los personajes no es sino la consecuencia de una entrega honesta y un trabajo que está lejos de la ocurrencia simplona y el guion complaciente.

Quedan ya únicamente dos oportunidades para presenciar El Cuarto de Verónica este año. Las funciones serán este viernes 13 y este sábado 14 del mes en curso, a las 20.30 horas, en Solo Teatro, Avenida de las Américas 7-20, zona 13. La admisión es de Q120. No hay que perdérselas.

presto_non_troppo@yahoo.com