Opinión

imagen es percepción

El debate del siglo

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

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Comicios en EEUU

Los candidatos presidenciales de Estados Unidos se enfrentaron en su primer duelo televisivo y es interesante analizar la imagen que transmitieron, es decir gestos, miradas, sonrisa, postura y vestimenta, entendiendo que esta comunica, incluso más que el propio mensaje.

Este debate captó la atención mundial y ha sido el más visto de la historia, rompiendo el récord de todos los tiempos para un acontecimiento político.

Diferente a lo previsto, Clinton estuvo provocando a su oponente para que perdiera el control. Esta vez fue ella la bully, usando la propia técnica de Trump para atacarlo. Mientras el impredecible candidato mostró un sorprendente dominio propio, poco usual en él.

La estratégica sonrisa de Clinton cuando Trump la atacaba lucía falsa y prefabricada, no lograba esconder su molestia; mientras el lenguaje no verbal de Trump revelaba burla y desprecio hacia su oponente. No faltaron las acusaciones mutuas de siempre, que hicieron que los temas de fondo quedaran en un segundo plano.

Nadie se esperaba el contradictorio juego de los colores que ambos utilizaron en sus atuendos. Hillary Clinton lucía impecable y cambió el clásico color azul que había utilizado durante toda su campaña por un traje sastre rojo vibrante, diseñado por Ralph Lauren, color que simboliza poder, energía, pasión y fuerza. Que además fue una estrategia para generar calidez en la audiencia. Este color la hacía resaltar sobre el fondo azul del plató del debate.

El rojo se asocia con el poder y eso era lo que Hillary proyectó en los 90 minutos de su participación, no solo con su vestuario, sino con su lenguaje corporal y verbal. De principio llamaba a Trump, por su primer nombre, reflejando uno de los códigos de poder más importantes; mientras él se refería a ella como “la secretaria Clinton”.

Un maquillaje sutil, peinado y joyas sencillas le daban el toque de mujer poderosa. La imagen de Hillary proyectaba confianza y mando.

Donald Trump también sorprendió cambiando su esperada corbata “roja poderosa” por una azul de satén brilloso y en la solapa izquierda una banderita de Estados Unidos, buen mensaje. Pero su traje negro lo hacía lucir más autoritario aún.

En esta ocasión cada uno de los candidatos terminó utilizando el color que corresponde a su partido, contrario a lo que ambos habían estado haciendo durante la campaña. ¿Se habrán puesto de acuerdo? ¿O es una forma de coquetear a los estados azules y rojos que ambos quieren seducir?

El caso es que la estrategia de Trump simplemente fue “ser el mismo”, según lo comentó Rudolph Giuliani, exalcalde de New York y asesor de Trump. Con sus manos sobre el pódium transmitió pragmatismo y gran determinación. Una ventaja es que él ingresó por el lado izquierdo del escenario, lo que permitió mostrar la parte posterior de su mano al saludar a Hillary, y darle tres palmaditas en la espalda, proyectando que él está al mando.

Aunque al parecer esta estrategia no le gustó a muchos de sus seguidores, que esperaban que disparara algunas palabras sin pensar, como siempre. Por lo que Trump prometió que para el próximo debate puede ser que golpee a su oponente con más dureza en algunos asuntos, tipo los escándalos sexuales del expresidente Bill Clinton.

Estos candidatos no tienen nada en común, más que su poca popularidad, insatisfacción en el electorado y la percepción de que ambos mienten y manipulan. El reto para Trump es demostrar que su éxito empresarial puede funcionar en política y que puede controlar su impulsividad en la toma de decisiones. Para Hillary el desafío será proyectarse más humana y suavizar su imagen fría y calculadora, mostrar que a pesar de sus 30 años en la política, también puede cambiar los esquemas torcidos del político tradicional.

Imagen_es_percepcion@yahoo.com