Opinión

La era del fauno

El Desfile en los tiempos de Jimmy

Juan Carlos Lemus

Juan Carlos Lemus

Todo carnaval, carnestolendas o desfile cómico puede ser valioso porque impulsa una dinámica de interacción social. Se manifiestan la cultura festiva que refleja una época y el sentir local que denuncia —se supone— la situación política y la posición del pueblo respecto de ella. Esa manifestación atiende el deseo popular de caricaturizar a los gobernantes, a sus instituciones y economías. La queja lúdica es transgresora. La dinámica permite que el sistema pueda ser interpelado con argumentos bien fundamentados porque manan de la academia hacia las calles. En teoría, el estudiante bufonea con el objetivo de hacer contacto con la población, para que juntos compartan el discurso de mercado, académico, proletario y todo cuanto confluya en el desprecio que comparten por las políticas opresoras. En las calles —también, se supone— hay una población ávida de complicidad, o por lo menos, deseosa de que sus quejas sean utilizadas como dardos cómicos contra la hegemonía que la violenta.

El Desfile Bufo se suma a la naturaleza colonizada de la universidad misma, explícita desde su nombre: San Carlos (antes, Borromeo); a sus blasones, su sistema educativo, sus togas, a casi todo lo que tiene y admitimos que nos contiene. No vamos a negarlo. Una saludable variante callejera surgió hace 119 años. Dicho desfile expone un discurso plástico teatralizado que incluye todas las funciones de la comunicación, al menos como las propone Jakobson. Lo referencial, emotivo, estético, apelativo; el lenguaje queda liberado de las aulas y brinca hacia la posible alegría denunciante.

No es el caso. El Desfile Bufo 2017 no es un astro solitario sino un satélite que actúa en armonía con las carencias más espectaculares de actualidad. Hace juego constelado con la mediocridad gubernamental, la educación, con las limitaciones intelectuales e ignorancia observadas en el poder. Las plagas de Egipto fueron una concatenación consecuente. Así, el país se sostiene, hace decenios, en una serie de calamidades secuenciadas debido a infames gestiones de sus autoridades nacionales, universitarias y las asociaciones estudiantiles que se corrompieron. La ineptitud rebota e hilvana. Es razonable que las expresiones bufas sean afines a la barbarie de gobierno, al Congreso brutal, al presidente y vice histriónicos, a la vulgaridad del ejercicio profesional, a las faltas en la administración de justicia. Equilibrio jocoso subsumido en la carencia. El Desfile Bufo 2017 exhibe un ingenio semejante al de Jimmy Morales en sus mejores tiempos de Tropa Loca.

En general, reluce la ofensa a la diversidad sexual y la burla a las mujeres. Los alegres estudiantes de Derecho sacaban a las muchachas del público para que saltaran la cuerda, no sin antes pedirles que se dieran vuelta. Futuros jueces. Les silbaban. Uno quiso besar a una. Mi crítica va del principio del desfile, con Ingeniería a la cabeza, hasta Derecho; entre una y otra: Psicología, Ciencias de la Comunicación, Económicas y Agronomía. No se sí después fue distinto. Quizá me perdí lo bueno.

En este desfile, el discurso y la interacción fue sustituido por la selfie. La dialéctica suprimida por las telefónicas. Si hay una apelación del estudiante al espectador, es la del bufón que le pide aplausos o que repita el “Viva Guatemala” de los borrachos.

El desfile podría constituirse en un diálogo jocoso, de complicidad entre el pueblo y el estudiante universitario para ser la voz de los sin voz. Que la AEU haya traído a Alexis y Fido no es nada, créanme, es apenas la punta de una teta de la hidra asomada en las tinieblas.