Opinión

Encrucijada

El Estado del descuido

Juan Alberto Fuentes Knight

Editorial

En Guatemala no tenemos un Estado de Bienestar sino un Estado del Descuido. Lo ocurrido la semana pasada lo puso de relieve de manera especialmente dramática. Lo más trágico fue la muerte de casi 40 mujeres jóvenes. Con una funesta ironía que solo la realidad guatemalteca es capaz de transmitir, superando una vez más a la ficción, quedó en evidencia la absoluta incapacidad estatal de evitar que jóvenes mujeres que vivían en el Hogar Seguro murieran en el Día de la mujer. Con ese tipo de Estado ineficaz y abandonado, resultado de la implementación de políticas de inspiración libertaria o neoliberal que lo han desmantelado y vuelto vulnerable ante la corrupción, ¿qué podía esperarse?

La situación actual del presidente también refleja nuestro Estado del Descuido: con un presidente que acude a un círculo de asesores que lo engaña, que le mete miedo, que convoca a fuerzas oscuras y misteriosas que le quieren dar un golpe de Estado, que lo preocupan con fantasmas que impiden que desarrolle una orientación estratégica de su gestión, ¿qué puede esperarse?

Con un Estado que no puede reducir significativamente la desnutrición y que tiene que acudir a un préstamo del Banco Mundial para explorar posibilidades de resolver este problema, ¿qué puede esperarse?

Con algunos ministerios que no son más que caparazones vacíos, con ministros que se arriesgan a tomar decisiones con equipos técnicos mínimos, precarios, bien intencionados pero sin respaldo político e institucional, además de estar enfrentando redes ocultas que esperan el momento para sacar las garras y beneficiarse de la falta de institucionalidad, ¿qué puede esperarse?

Con un Congreso que sin vergüenza protege los intereses de grupos poderosos, y que antes otorgó privilegios fiscales a maquiladores eternamente ineficientes e incapaces de competir y que ahora le extiende un tratamiento tributario privilegiado a ganaderos y a otros muy pequeños empresarios como los azucareros, ¿qué puede esperarse?

Con marcos regulatorios simbólicos y objeto de presiones de grandes conglomerados que dicen favorecer a las fuerzas espontáneas del mercado cuando en realidad las grandes empresas no son más que fuerzas poco espontáneas que fijan las condiciones en que extraen recursos sin respetar criterios ambientales o los deseos de las comunidades, ¿qué puede esperarse?

No puede esperarse mucho.

Pero hay que buscar atisbos de esperanza. Una muy insigne comunidad indígena le dio a toda Guatemala una lección de dignidad al recomendar que se excluyera de las reformas constitucionales aquellas referidas a la justicia indígena, para que pudieran avanzar el resto de reformas. ¿Qué puede esperarse? —Que la dignidad se vuelva una de las bases para construir un nuevo Estado.

También existen empresas que, a pesar de contar con esos marcos regulatorios que privilegian las poco espontáneas fuerzas de las grandes empresas, invierten e intentan de todos modos llegar a acuerdos con las comunidades y respetar ciertos criterios ambientales.

Y hay instituciones de gobierno y numerosos funcionarios públicos que luchan por rescatar la dignidad, con ganas de trabajar con sentido de excelencia mediante un servicio público eficiente y comprometido, aun cuando la actual legislación sobre servicio civil no lo favorece.

¿Qué puede esperarse? Sustituir al Estado del Descuido por un Estado democrático que cuente con un servicio público de excelencia, digno y bien remunerado, sujeto a rendición de cuentas. Deberá defender a los más vulnerables y favorecer el florecimiento y no la muerte de los guatemaltecos.

fuentesknight@yahoo.com