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EDITORIAL

El Nobel de la Paz y sus implicaciones

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El otorgamiento del Premio Nobel de la Paz 2016 al presidente colombiano Juan Manuel Santos causa una sorpresa relativa, porque había sido considerado como una de las motivaciones del mandatario para actuar como lo hizo durante las negociaciones. Sin embargo, se convierte en factor con implicaciones positivas que afecta de manera directa al futuro inmediato de los próximos acuerdos y que obligadamente deberán ser revisados entre el gobierno y la guerrilla.

Las necesarias y ya iniciadas nuevas negociaciones tienen ahora un panorama distinto. Del lado oficial, a Santos el premio le permite recuperarse en algo de la derrota provocada por el resultado del plebiscito, aunque puede pensarse que es un reconocimiento a alguien que no pudo lograr una meta buscada a cualquier costo. Del lado de la oposición, el expresidente Álvaro Uribe, ante el respaldo internacional que significa el galardón, debe también moderar su postura y centrarse en lo que él califica de decisiones con efecto negativo a la democracia.

Por su parte, la dirigencia de las Farc y su principal aliado, el régimen cubano, reciben un nuevo y duro revés. Los noruegos pueden ser señalados de haberse apresurado a otorgar el premio, pero no cometieron la que hubiera sido la desfachatez de compartirlo con la guerrilla más inhumana de la historia del continente. Es una tácita condena que la coloca en una postura aún más complicada y casi elimina la posibilidad práctica de la reanudación de la guerra.

El anhelo de paz para Colombia es común entre sus ciudadanos y la comunidad internacional, como comenzó a quedar claro desde el momento de conocerse el rechazo popular a algunas características evidentemente inaceptables del plan negociado durante cuatro años en La Habana castrista.

Todo lo ocurrido respecto a la paz en Colombia en la última semana demuestra la actual realidad respecto de los actores principales y secundarios de hechos que han sido determinantes para ocupar un lugar especial en la historia de Latinoamérica.

Los procesos políticos ya no pueden realizarse en las sombras, ni siquiera dentro de círculos cerrados donde se llegue a acuerdos que no pueden resistir un somero análisis de lógica ni de corrección. La ciudadanía no solo está más informada, sino tiene muchas formas de expresarse de manera instantánea y que su voz llegue a enormes áreas geográficas. Este factor ya comenzó a aparecer y en muy corto tiempo puede llegar mucho más determinante en procesos sociopolíticos, como ha ocurrido en otros países que han enfrentado procesos de agitación social.

Tomando en cuenta todo esto, es posible considerar beneficioso el otorgamiento de este premio Nobel de la Paz 2016 al presidente colombiano. Otra indirecta consecuencia positiva la constituye el corto tiempo para lograr el acuerdo final. Al quedar veinte días para el término del cese de fuego, a menos que el plazo sea ampliado, no se puede descartar lo impensable: reanudación de la guerra por grupos guerrilleros. Ese riesgo constituye el mejor acicate para negociar con toda responsabilidad y realismo.