Opinión

Con otra mirada

El patrimonio de la Usac y Rolando Masaya

José María Magaña

José María Magaña

La Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac), mi alma máter, es un universo que puede sorprendernos con lo inesperado y en el que puede encontrarse hasta lo que no se busca. Lo que es natural, pues se trata de una institución fundada en 1676; es decir, 342 años en los que ha generado y acumulado conocimiento y bienes culturales que hoy merecen atención.

En nuestro medio, la conservación de bienes culturales, pese a la inmensa riqueza heredada de las culturas precolombinas, período colonial y republicano hasta nuestros días, empezó a tener la atención del Estado como consecuencia de la Revolución de Octubre de 1944, cuando fue creado el Instituto de Antropología e Historia (Idaeh), a cuyo cargo están el estudio, investigación, publicación y conservación de ese legado; se exceptúa La Antigua Guatemala, cuya responsabilidad recae en el Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala.

En el caso de los bienes culturales de la Usac, la inquietud se forjó en la década de 1990, durante la definición del Centro Histórico de la ciudad de Guatemala, con la figura Renacentro, integrado por la Municipalidad de Guatemala, Ministerio de Cultura, Instituto de Turismo y Usac. Propusimos al rector, Efraín Medina, se identificaran los bienes culturales que poseía. Más adelante y con el apoyo del Idaeh, se preparó un inventario, y a mediados de 2015 el decano de la Facultad de Humanidades, Walter Mazariegos, propuso a Extensión Universitaria crear una unidad técnico-administrativa especializada en la conservación de los bienes culturales universitarios. Se convocó a exalumnos especializados, quienes en septiembre de 2017 entregamos el perfil de proyecto que el Consejo Superior Universitario habrá de aprobar.

Como es sabido, las propuestas, inquietudes y buenas intenciones no son suficientes. Para que den fruto deben pasar por los trámites que la administración exige y los filtros que la burocracia impone. Fue en ese universo acotado al inicio donde apareció Rolando Masaya, personaje notorio y afable, capaz de saber cuándo retraerse, que me sorprendió. Tenía el firme propósito de hacer realidad aquel sueño por largo tiempo acariciado y contaba, además, con los recursos administrativos y estrategias de gestión para lograrlo.

Su formación humanista le abrió las puertas del Ministerio de Cultura y Deportes, en sus albores. Su conocimiento del arte, el vínculo con los maestros de las artes plásticas cuya obra promocionó, pero fue el fogueo político universitario que le suministró las herramientas para gestionar, pero sobre todo, para abrir las puertas de la compleja estructura administrativa y hacerla funcionar. El rector Carlos Alvarado Cerezo acogió la propuesta y obtuvo el apoyo de tres decanos afines al tema por la naturaleza de su cargo: Ciencias Jurídicas, Gustavo Bonilla; Humanidades, Walter Mazariegos; y Arquitectura, Byron Rabé. El director general de Extensión Universitaria, Álvaro Folgar, y el equipo de trabajo a su cargo facilitaron viabilizar el proyecto y su sometimiento a la aprobación del Consejo Superior Universitario. Todo eso bajo la atenta y delicada coordinación operativa del licenciado Rolando Masaya, en su calidad de Asesor Específico.

Su prematuro fallecimiento sorprendió a todos, familia, amigos, colegas, compañeros de trabajo y a quienes colaboramos en la preparación del proyecto de conservación de los bienes culturales de la Usac.

Sin duda la máxima autoridad de la Usac dará seguimiento al trámite de aprobación en beneficio de su legado histórico, con el entusiasmo inicial; y deseo, como un homenaje a su más decidido gestor, el apreciado amigo Rolando Masaya, que en paz descanse.

jmmaganajuarez@gmail.com