Opinión

encrucijada

El populismo al poder

Juan Alberto Fuentes Knight

Juan Alberto Fuentes Knight

El conocido historiador Niall Ferguson argumenta que Trump se parece más a los populistas norteamericanos de fines del siglo XIX que a personajes fascistas como Mussolini o Hitler (http://www.cirsd.org/en/horizons/horizons-autumn-2016--issue-no-8/populism-as-a-backlash-against-globalization). Trump comparte con los líderes políticos populistas de aquella época su intención de detener o revertir los flujos internacionales de comercio, personas y capitales, en un contexto en que aumenta la migración y hay más desigualdad, con crisis financieras y percepción de corrupción. Demagogos populistas como Trump lo han aprovechado para despertar pasiones y movilizar apoyos. Y los libertarios guatemaltecos lo apoyan sin reconocer que es contrario a la libertad económica que pregonan.

Pero lo que la historia enseña, según Ferguson, es que los populistas pueden revertir la migración y reducir el comercio, con grandes costos económicos y sociales, como lo hicieron a fines del siglo XIX, cuando impidieron la inmigración china. Nuestros compatriotas en los Estados Unidos tienen razón en estar preocupados y debemos apoyarlos.

Además, Trump probablemente impulsará un aumento del déficit fiscal, cortando impuestos pero con un fuerte aumento de las inversiones públicas en infraestructura y del gasto militar. La deuda de los Estados Unidos aumentará. Podría estimularse la inflación ante una economía que se acerca al pleno empleo. Por ello se vuelve aún más probable que el banco central de los Estados Unidos –la Reserva Federal- aumente la tasa de interés, lo cual podría estimular una salida de capitales de Guatemala. Y la imposición de barreras comerciales, aunque sea poco probable una denuncia del tratado de libre comercio suscrito entre los Estados Unidos y Centroamérica, será contraria a la expansión del comercio mundial.

La elección de Trump también es parte de un proceso global de ascenso del populismo. Brexit, los que apoyan a Marie Le Pen en Francia, o los que se aglutinan en torno a la Alternativa por Alemania y que han crecido en otros países de Europa, apuntan a un proceso populista, antiglobalizador y racista cada vez más amplio. Se parece a la ofensiva neoliberal dirigida por Reagan y Thatcher a principios de la década de 1980, pero ahora es proteccionista. E implica una pérdida de influencia de los Estados Unidos, ahora en vías de destruir el orden económico mundial más abierto que ellos crearon y que los benefició.

Todo ello debe conducirnos a pensar en nuestra propia estrategia de desarrollo. Ya no puede basarse en expulsar al diez por ciento de la población guatemalteca al exterior, con remesas que representan el diez por ciento del ingreso nacional, y que ahora podrían reducirse. Tendremos que ocupar no solo a los casi 200 mil jóvenes que ingresan cada año al mercado de trabajo sino crecientemente a miles de repatriados. Pero esta nueva estrategia de desarrollo no puede ser impulsada por políticos acostumbrados a combinar la política con los negocios, y que ahora fortalecieron su posición con la elección de la nueva directiva del Congreso. No podemos volver a tener elecciones como las de 2015, que resultaron en un Congreso que no se renovó y en un poder ejecutivo vulnerable, sin capacidad política para impulsar una agenda integrada de desarrollo, a pesar de contar con algunos altos funcionarios bien intencionados. Guatemala requiere otras opciones políticas no solo para resolver los problemas existentes sino también para enfrentar las nuevas amenazas que nos plantea un mundo cada vez más incierto.

fuentesknight@yahoo.com