TIEMPO Y DESTINO

El problema no es Maduro, el problema es el socialismo

Luis Morales Chúa

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Un estudio de la más sonada serie de derrocamientos de gobernantes latinoamericanos  izquierdistas permite determinar el verdadero origen de las asonadas y los golpes de Estado.

La causa es el socialismo regional que, para algunos teóricos, no es socialismo; no obstante lo cual para el capitalismo entraña un grave riesgo que debe ser sofocado a tiempo, en cualquier país donde surja, como puede observarse en los siguientes casos:

1– Honduras. El 28 de junio de 2009 los derechistas diputados de la oposición, de acuerdo con magistrados de la Corte Suprema de Justicia, del Tribunal Supremo Electoral, el Procurador de los Derechos Humanos, y altos oficiales de las fuerzas armadas, depusieron al presidente de la República, Manuel Zelaya, y lo enviaron al destierro. Lo acusaron de haber ordenado colocar ilegalmente una cuarta urna en los puestos de votación, en las elecciones generales, para consultar a la población si admitía introducir reformas en la Constitución a fin de restaurar la reelección. Pero, el motivo de fondo no era ese, sino su acercamiento al presidente venezolano Hugo Chávez. Zelaya se había entusiasmado con el programa venezolano de vender gasolina a bajo precio y con grandes facilidades de pago. Y por esos días, Chávez ya estaba en la mira de varios Gobiernos americanos anticomunistas por su inclinación al socialismo y era un objetivo a combatir, además, por sus estrechas relaciones con los Gobiernos de Cuba, Irán y Rusia.

2– Chile. El presidente Salvador Allende era socialista. La prensa liberal lo registra como “el primer presidente marxista del mundo en acceder al poder a través de elecciones generales en un Estado de Derecho”. Las mismas fuerzas políticas del Continente, hoy en lucha contra Maduro, organizaron manifestaciones tumultuosas contra el presidente, exhortaron a los militares a derrocarlo y el 11 de septiembre de 1973, tres años antes de terminar su mandato, el palacio presidencial fue bombardeado por aviones militares y cañoneado por los tanques de Pinochet. Allende, finalmente, se suicidó.

3– Paraguay. Fue presidido a partir de 2010 por un sacerdote católico a quien el papa había dado permiso para participar en política y aspirar a la Presidencia. Ya para entonces era conocido como “el cura de los pobres”. Y ganó. No se declaró socialista, pero su programa de Gobierno incluía puntos de corte notoriamente socialista como la reforma agraria; e hizo pública su simpatía por el régimen del presidente Chávez. Sus adversarios lo señalaron de ser simpatizante de los guerrilleros tupamaros y los diputados derechistas lo sometieron a un juicio político y lo destituyeron.

4– Brasil. Dilma Rousseff fue electa presidenta del Brasil, en 2010. Desde sus tiempos de colegiala de secundaria había participado en una agrupación marxista y tiempo después ingresó a una de las más grandes guerrillas brasileñas. Fue capturada, torturada, condenada, enviada a prisión, y tres T después, liberada. En 2012 fue sometida a un juicio político bajo la acusación de haber “maquillado las finanzas públicas”. No robó un centavo, pero sus acusadores le atribuyeron, entre otros hechos, haber firmado “tres decretos concediendo créditos de bancos públicos para el pago de varias cuentas públicas” y por ello “el Gobierno no pudo cumplir la meta fiscal de 2015”. La defensa desmanteló esos cargos; pero, fue destituida por la Cámara de Diputados.

En fin, para los antisocialistas el problema no es Maduro; es el socialismo.

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