Opinión

Ventana

El quinto hermano

Rita María Roesch

Rita María Roesch

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Reos

Una parábola judía cuenta que “cuatro hermanos participan en la ceremonia de Pascua. Pero un quinto hermano falta, no se sienta con ellos en la mesa. Sin él, la ceremonia está incompleta”. Las familias en condiciones de pobreza, los adictos, los reclusos son ese quinto hermano. Como sociedad los rechazamos. Los invisibilizamos. Asumimos que no pueden cambiar. No les damos una segunda oportunidad. Cuando una sociedad apoya al quinto hermano y hermana, las cárceles se vacían, ¡como en Holanda!

Conozco personas increíbles que han sentido la “urgencia irresistible” (pothos, en griego) de ayudar a ese quinto hermano y hermana. Hanly Denning ha sido una de ellas. La llamé el “Angel del basurero”. Hanley fundó el programa “Camino Seguro”, para brindar esperanza, educación y oportunidad a la niñez y sus familias que trabajan en el relleno sanitario de la zona 3. Hace pocos días conversé con Ashley Williams, otra admirable y joven mujer, originaria de Tennesse, Estados Unidos. Ashley ha dedicado 12 años de su vida para apoyar a los chapines que no han tenido la suerte de nacer en un hogar cariñoso, con comida y educación, por lo que cayeron en las redes del crimen y terminaron en el infierno chapín de nuestras cárceles, donde no existe nada, ni comida decente, menos programas de rehabilitación. Quienes se salvan del espanto son los presos VIP y los que tienen recursos para pagar los privilegios a la mafia que controla las cárceles. Perfilo a grandes rasgos la historia de Ashley. Si quieren conocerla con más detalle búsquenla en “Ted -talks”. Sugiero también que vean el siguiente enlace que ilustra su magnífico trabajo en la cárcel de Santa Teresa y con reclusos en Fraijanes 2. https://m.facebook.com/story.php?story_fbid=861852137257856&id=463999707043103&_rdr

Ashley tenía 18 años cuando vino a Guatemala, en el año 2006. Quería saber si existía la organización donde apadrinaba a un niño. El orfanatorio no la defraudó. Se quedó trabajando en él como voluntaria. Lo que no le agradaba de ese centro era que, por ser muy solicitado, a los niños y niñas —todos llegaban desnutridos y abusados— que tenían familia los regresaban con ella. Las familias no recibían tratamiento psicosocial. Los niños volvían al horror. La gota que derramó la copa de Ashley fue cuando llevaron a Ana, de 11 años. Su madre era adicta y la había vendido a una mara. Ni comento lo que esa criatura vivió. ¿De dónde viene Ana? preguntó Ashley. “De La Limonada”, respondieron las niñeras. “En este barrio ni la policía entra más que a recoger los cadáveres”. Ashley no dudó en ir. Para ser aceptada por la mara se dejó tatuar. Al poco tiempo se fue a vivir a La Limonada. Empezó un programa de becas para los jóvenes que querían retomar sus estudios y dejar la pandilla. Un domingo, Leslie, una amiga suya, fue apresada injustamente por la policía y conducida a la cárcel de Santa Teresa. Leslie estaba embarazada. Cuando nació su bebé, su mamá tuvo que llevarle comida a los dos. Como el dinero no le alcanzaba se puso a vender droga y fue capturada. El sistema penitenciario es como un hoyo negro que se traga familias enteras. Ashley se dio cuenta de que había que crear trabajo para las reclusas. Ashley principió un programa de rehabilitación con un proyecto de serigrafía en Santa Teresa y luego en Fraijanes 2. ¡Espero que el ministro de Gobernación, Francisco Rivas, apoye su iniciativa! “Guatemala será otro país cuando el quinto hermano se siente a nuestra mesa!”, cantó el Clarinero. ¿Quiere ayudar a Ashley? Escríbale: info@serigrafiadelagringa.com