Opinión

pluma invitada

El símbolo que representa a nuestra Nación

César Augusto Sagastume

César Augusto Sagastume

La identidad de los pueblos libres se caracteriza por sus símbolos, y el azul y blanco de nuestra bandera refleja la sabiduría de los ancestros mayas que llevamos en nuestro ser, sea cual sea la etiqueta que en las tendencias influyentes quieran darnos, pues cuando nos hacen el examen del ADN siempre encuentran rasgos de la raza maya, aunque creamos que provenimos de otras razas consideradas puras, por venir de otras áreas geográficas, pero no hacemos acopio de esa sabiduría que de alguna manera es parte nuestra, como la invención del calendario maya, el sistema de numeración con su sistema posicional y la utilización del cero, en donde podemos formar y crear otra dimensión de álgebras y resolver problemas matemáticos.

Todavía no logramos tener identidad nacional, a pesar de que contamos con la belleza de su Lago de Atitlán y de otras bellezas naturales como Semuc Champey, el salto de Chilascó, la historia escrita en el escenario natural, como lo es la Ciudad de Antigua Guatemala, la riqueza de sus idiomas y los multicolores trajes típicos, la riqueza dramática del Rabinal Achí, el premio Nobel de Literatura, el premio Nobel de la Paz, la medalla olímpica de Érick Bernabé Barrondo, la representatividad del arte musical de Ricardo Arjona y la vibración del hormigo, que nos da el sonido de la selva, con los jóvenes científicos que aportan a la NASA y los creadores de sistemas para aprender idiomas, la riqueza folclórica, la religiosidad del Cristo de Esquipulas y las veneradas imágenes que bendicen a Guatemala en sus cortejos procesionales desde Antigua Guatemala hasta los más humildes rincones de nuestra patria. ¡Estos y otros motivos nos deben servir para sentirnos orgullosos de ser guatemaltecos!

En el lado opuesto de algunos de los indicadores que nos hacen ser orgullosos se encuentra el lado oscuro que también se representa en ese símbolo bello, azul, blanco y azul, que ha sido manchado con violencia y sangre que se salpica de maldad con 36 años de enfrentamiento armado, con la violencia que no termina, con autoridades salpicadas infestadas de corrupción y transas malignas en donde castran el producto del trabajo honrado, pegando como lepra o cáncer enraizado, contaminando a cuanto guatemalteco sano quiere levantar a su patria, olvidándose del verso de José Joaquín Palma que dice: “Libre al viento tu hermosa bandera, a vencer o a morir llamará, que tu pueblo con ánima fiera antes muerto que esclavo será”, y en el último verso de la séptima estrofa dice: “Ay de aquel que con ciega locura sus colores pretenda manchar”, pero no reaccionamos para limpiarla y hacer que ondee libremente en el mástil de la dignidad de los pueblos libres.

Este 17 de agosto, el lábaro patrio que representa a 16 millones de ciudadanos debe servir para reflexionar y limpiar la faz de Guatemala.

checharin.sagas@yahoo.com