Opinión

Urbanismo y sociedad

El tráfico urbano llegó a su límite ante la aglomeración

Alfonso Yurrita

Alfonso Yurrita

La especulación de la tierra en la región central del país, ha llevado consigo la centralización de una serie de actividades urbanas formando una “aglomeración urbana, que es una región urbanizada que se extiende sin solución de continuidad a lo largo de varias circunscripciones administrativas, como los municipios vecinos a la Ciudad de Guatemala. Normalmente comprenden ciudades satélites que están absorbiendo su crecimiento”. Esto, según Manuel Castells, es propio de una sociedad capitalista, que en Guatemala se ha concentrado en pocas manos que son las que manipulan a su saber y antojo el problema urbano y para eso escogen a las autoridades urbanas apropiadas que le han permitido llevar a cabo este desastre urbano que se ejemplifica en la crisis del tránsito, que sin infraestructuras adecuadas incrementó 3 millones 250 mil 194 la cantidad de unidades que recorren las calles del país, para un crecimiento de 9.4% respecto al 2015; automóviles con 51 mil 676 unidades (18.4%); camionetas, camionetillas y tipo panel, 45 mil 861 (16.3%), y picops, 25 mil 48 (8.9%). (PL)

La ciudad de Guatemala, o núcleo central, es un “aglomeración, que tiende a constituirse alrededor de centros administrativos o económicos, que es lo que exactamente está sucediendo en el área metropolitana, sobre la que se estructura esta “aglomeración” con una densidad compacta, en que predominan las actividades terciarias de la ciudad (comerciales, financieras, administrativas y culturales) y la mayor fuente de empleo. Pero presenta un carácter desorganizado, pues posee la mayoría de los servicios de infraestructura y de equipamiento urbano en pocas manos. Cuando la ciudad debería partir generalmente en forma radial en donde distintas vías de transporte la comunicaran con los “suburbios”, término propio de la geografía urbana para designar a las zonas residenciales de la periferia urbana o extrarradio; con el que se designa a los barrios bajos, pobres, marginados o degradados que están en zonas alejadas del “centro de la ciudad”, que se han estado violentando por las deficiencias sociales que se experimentan en la Metrópoli.

A pesar que todo esto estuvo previsto por el EDOM desde 1971 en la formulación de un sistema de planificación para la ciudad y su área metropolitana. Se ha creído conveniente una meta práctica y metodológica a corto plazo para concretar la propuesta de lo que fue el EDOM, que contempla una estrategia de inversión inmediata para el acondicionamiento territorial de la Metrópoli y la organización del espacio geográfico. Este prefacio técnico y la fecha que se estableció como el año 2000 en el EDOM, nos hace ver el tiempo perdido en llevar a cabo una reorganización urbana técnicamente adecuada para evitar la creciente crisis que está viviendo la población Metropolitana.

Esta crisis se define al contar con densidades mayores que se están presentando en la zona central, con una infraestructura ineficiente, generando una situación caótica del tejido urbano dentro de los ámbitos subrurales donde predominan áreas residenciales a las que se suele definir como ciudades dormitorio, cuando las vías de comunicación, principalmente a lo largo de las autopistas, deberían ubicar grandes equipamientos urbanos, como zonas industriales, pero por la especulación de la tierra se hallan en el centro de la ciudad. Así se crean los suburbios que deberían estar estructurados a lo largo de las vías de transporte, rodeando la ciudad con anillos concéntricos, y dejar de pensar en proyectos absurdos como los famosos “funiculares”.

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