Opinión

Imagen es percepción

#ElPoderDeLasRedesSociales

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

Nadie puede negar que la utilización de las redes sociales ha llegado a tener una influencia inimaginable en la actividad política y social de las naciones, porque su componente esencial es la libertad de expresión; que permite a cualquier persona emitir su opinión e influir en miles de individuos simultáneamente, en tiempo real.

Hoy Twitter es utilizado por los gobiernos para movilizar sus aparatos de comunicación social e influenciar a la población, convirtiéndose en un estupendo canal, porque la brevedad de los mensajes facilita las publicaciones, es gratuito y permite un feedback inmediato. Pero la desventaja es que no se profundiza en los temas, quedándose los receptores en ocasiones con una idea vaga o equivocada sobre el asunto. Para entender el poder y la influencia de las redes sociales en la política y la sociedad, basta con mencionar la Primavera Árabe y la manera como incidieron en el impulso democratizador en esa región.

La presencia de los políticos y funcionarios públicos en Facebook y Twitter es en estos momentos fundamental, porque es un vehículo de comunicación directa con la gente.

El caso más notorio a nivel mundial es el de Donald Trump, que tiene 36 millones de seguidores en Twitter. Se ha calculado que si él dejara de tuitear, le costaría a la red social dos mil millones de dólares. El mandatario ha redefinido con sus tuits los medios informativos, porque encontró un medio que le aporta satisfacción en cuestión de segundos y le permite evaluar el alcance en tiempo real. Muchos temen que algún tuit del mandatario pueda incluso ocasionar el inicio de una guerra.

Las frases en Twitter se caracterizan por ser breves —no más de 140 caracteres—, y aunque no pueden redactarse mensajes muy complejos, la fuerza que pueda tener una pequeña frase puede llegar a construir o destruir instantáneamente a una persona. El Twitter puede ser un arma mortal para insultar o poner en entredicho la reputación de un individuo en segundos, por lo que debe medirse su efecto aniquilador. Un mal tuit puede llegar a ser la comidilla de una comunidad vigilante del sarcasmo, estupidez, esnobismo o insultos.

En los últimos días el debate político en nuestro país ha sido más intenso que nunca, de hecho las redes sociales han ardido en una guerra sin cuartel. Allí en esa “cloaca” encontrará usted todo tipo de comentarios, desde personas que tienden a asumir más riesgos con sus tuits, acusando e insultando, sin medir las consecuencias de lo que dicen; hasta otro grupo que suele ser más cauto, sopesando el efecto de cada una de sus palabras para no equivocarse, ni meterse en problemas. Las palabras altisonantes abundan, los chismes fluyen y los memes le dan el toque cómico al asunto.

No puedo dejar de mencionar las miles de cuentas falsas y las campañas difamatorias que agravan la situación, y dentro de este río de aguas negras estas personas que representan los intereses de “poderes oscuros” que pretenden influenciar a grupos sociales reales creando confusión, difundiendo información falsa y desviando la atención hacia otro tópico; aunque los usuarios no se dejan engañar tan fácilmente e identifican rápido a los del call center, hay otros que sí caen en la trampa. Tristemente estas personas generan conflicto y odio dentro de la sociedad.

Así que no tome a la ligera enviar un tuit o comentarlo, razone sobre los mensajes que usted lanza al ciberespacio, porque pueden influir en miles de personas; sobre todo cuando se habla de una lucha contra la corrupción, es un grave error ponerle un tinte ideológico, crear una polarización y odio entre hermanos guatemaltecos. La corrupción es ambidiestra y la lucha para combatirla no tiene color.

imagen_es_percepcion@yahoo.com