Opinión

Cable a tierra

Empate a la vista

Karin Slowing

Karin Slowing

Si lo que actualmente se libra en Guatemala entre las poderosas fuerzas en contienda fuera un juego de tenis, diría yo que estamos en una especie de “empate”, donde ni uno ni otro jugador tienen la suficiente fuerza o condiciones para imponerse sobre el contrincante y doblegarlo para ganar el partido, a menos que en el proceso se apliquen medidas que terminen destrozando la cancha y se haga daño profundo a la pelota que, en este caso, resultamos siendo nosotros, la ciudadanía. Por eso, da un golpe un lado; da otro golpe el otro lado, pero ninguno resulta lo suficientemente contundente como para terminar de romper ese frágil equilibrio que mantiene el empate.  Ni los “cisnes negros” acaecidos recientemente lograron desequilibrar el juego para uno u otro lado, tan solo lo pusieron más pastoso.

Como muchos sabrán, jugar tenis no es solo golpear la pelota con una raqueta y tratar de lanzarla del otro lado de la red al contrincante. Jugar tenis es un arte que requiere fuerza y destreza motora, enorme resistencia física y mental, mucho dominio de la técnica y, sobre todo, como todo buen deporte, requiere talento. Por supuesto, también están los jugadores rudos; esos a quienes no les importa reventar las pelotas, quebrar la raqueta, desprender la red o hasta pelotear al contrincante para lograr su objetivo.

Se pensó que el punto de quiebre podría darse cuando se eligiera fiscal general, pero la Comisión de Postulación jugó sagazmente su papel, sin quemarse las manos. Ciertamente, aún está por verse cómo jugará la licenciada Porras en el partido, pero sigo pensando que la cancha de la justicia y la lucha contra la corrupción está bastante delimitada y cualquier reversión en los procesos legales ya en marcha, la pondrían a ella en una posición sumamente delicada frente a la sociedad y la comunidad internacional. Hasta este momento, la percibo como una persona sensata y una profesional de carrera que se respeta mucho a sí misma. Igualmente, ya se toparon también con el muro del Congreso y el Senado norteamericano.

Por eso, Jimmy y su pandilla de corruptos están recurriendo a atacar otros flancos en la lucha contra la corrupción: el ataque al embajador Anders Kompass, ciudadano de talla mundial ampliamente reconocido por su calidad ética, su honor y coraje para enfrentar situaciones adversas, es una ofensa no solo a la persona, sino al gobierno y al Estado sueco, seguramente con la esperanza de que retire su apoyo financiero y político a la lucha contra la corrupción. Sin embargo, ¡no sé cómo piensan que la ofensa hecha a un país tan amigo de Guatemala no tendrá repercusiones en las relaciones y política de cooperación de otros países! ¿Qué país querrá dar fondos a un Estado que resiste de esa manera la lucha contra la corrupción? Aun y cuando sacrificaron a la par a la embajadora venezolana para calmar la ira de algunos, el grotesco gesto diplomático no pasará desapercibido. ¿O ya no le importa al Pacto de Corruptos llevar al país al aislamiento político internacional con tal de salvarse? ¿No recuerdan acaso que este termina por acompañarse de aislamiento en materia económica y comercial? Hasta los organismos financieros internacionales, que tienen ciertamente el oficio de prestar, tienen límites cuando un Estado no da garantías ni tiene seriedad.

El estrechamiento de la relación con Israel apela a sus más rancios intereses nacionalistas, sin duda. Sin embargo, el Estado de Israel es un jugador de mayor talla en el concierto de naciones, ya cumplió su objetivo político, y sabe que el Pacto de Corruptos socava la política de seguridad subregional que tanto interesa a su más caro aliado a nivel global. ¿Cómo se desentrampará el juego? En este momento hay mucha bruma. Entró la temporada de lluvias y la cancha mojada demandará otra forma de jugar. Ojalá que como ciudadanos no sigamos solo de espectadores.

karin.slowing@gmail.com