Opinión

Pluma invitada

En la recta final del ciclo escolar 2017

César Augusto Sagastume

César Augusto Sagastume

A poco  de que el ciclo escolar finalice, los días hábiles de trabajo docente son contados y se diluyen rápidamente, se deben considerar las actividades  de cierre de clases que no permiten  maximizar el tiempo para completar  los contenidos programáticos que  demanda  el CNB, por lo que quedan vacíos en los aprendizajes y al hacer  la sumatoria de ese déficit  constituye  una deficiencia significativa en la formación de los futuros profesionales.

Las actividades socioculturales y cívicas que se ejecutan durante septiembre y octubre deben aprovecharse al máximo para compartir conocimientos que muy bien pueden tomarse como eje transversal de la implementación académica, en aras de atender instrucciones de la superioridad que niegan el aprovechamiento significativo de docencia en los períodos de aprendizaje.

En cada ciclo se consideran las actividades cívicas como parte de la formación ciudadana, que principian al final del ciclo con la celebración del Día de la Bandera —17 de agosto— y luego el preámbulo del 15 de septiembre, que vale la pena convertir en un centro de interés de aprendizaje, para tomarlo como fuerte componente curricular y fortalecer el civismo que promueva la identidad nacional, que se ha descuidado.

Octubre se verá reducido en días calendario de trabajo docente, por el trabajo administrativo de los maestros, ante las evaluaciones finales, tabulando resultados para reportar informes estadísticos, que son prioridad para tomar decisiones administrativas, que deberán atender las demandas que obligatoriamente deben realizar los tomadores de decisiones, debiendo interpretar las fortalezas y debilidades del sistema, sin menospreciar las oportunidades y amenazas que se ciernen sobre tan importante sector en la formación de los futuros ciudadanos.

Eso es lo que se debería hacer en la práctica, pero la mayoría de veces se queda en la teoría y en la retórica de las autoridades de turno. Si se procede de esa manera se podrá reordenar y hacer perfectible el sistema, que ha venido de más a menos en lo que se refiere la calidad educativa.

Este es el momento de empezar a visualizar estrategias para mejorar la infraestructura escolar que permita planificar acciones en noviembre y diciembre, para el inicio del año, a fin de que los estudiantes encuentren ambientes adecuados para el ejercicio educativo, con miras a mejorar la calidad que añoramos.

Después de los primeros 15 días de octubre, el sistema escolar debe tomar en cuenta las evaluaciones finales, clausuras y graduaciones, y reportar resultados, los cuales se introducen en un sistema con tecnología actual, lo que permite que las direcciones Departamentales y las direcciones centrales de Educación cuenten con datos que les ayuden a establecer acciones estratégicas para la entrega de útiles escolares, valija didáctica, libros de texto, refacción escolar, construir aulas donde se necesite, nombrar maestros y entregar mobiliario, para que se cuente con estos elementos curriculares desde el primer día de clases, a fin de evitar que los estudiantes protesten, en demanda de esos servicios, lo que también evitará incidentes violentos y trágicos como los vividos este año.

Al llegar a los dos últimos meses del año, considerados período de vacaciones, se descuida el quehacer administrativo, alimentando las deficiencias de siempre al inicio del ciclo escolar siguiente, las cuales son absorbidas por la espiritualidad que despiertan las actividades de fin de año, cómplices en el descuido de superar las deficiencias del sistema educativo al iniciar el nuevo ciclo escolar.

checharin.sagas@yahoo.com