Opinión

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En relación a los alevosos ataques

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

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Ataques a periodistas

AMIGOS Y FAMILIARES me han pedido referirme a los improperios falsos, retorcidos, malintencionados y venenosos lanzados en mi contra desde una cadena de medios de comunicación involucrada en investigaciones de financiamiento ilegal a partidos políticos, es decir contra el sistema —nos guste o no— creado para tutelar el proceso de elección de mandatarios. Acepto hacerlo por tratarse de ataques infundados, maliciosos, carentes de lógica y sustentación alguna, pero sobre todo, planteados para provocar —según quienes los engendran, ocultos en sus subordinados— daños a mi persona y mi carrera, todo por no quedarme en silencio ante las recientes acciones legales, correctamente percibidas como la única ruta para acabar con la impunidad.

DURANTE 50 AÑOS DE ejercicio profesional, he visto cómo los periodistas nos vemos sometidos al intento de descrédito de gente dependiente de una manada de serviles y no le cabe, en su reducida capacidad mental y moral, encontrarse con alguien distinto a los incondicionales. Para estos, la realidad es definida por la voluntad e intereses mezquinos de la gentuza. Son individuos cuya carencia de ética e integridad les permite apoyar a quien se esconde para sentirse a salvo y evadir responsabilidades porque además teme con razón a la justicia, se enmascara de manera cobarde detrás de personas cercanas y se embarca en batallas absurdas para distraer la atención nacional ahora centrada en sus inmoralidades y delitos cometidos durante largos años.

ME HE REFERIDO A ALGUIEN con larga historia judicial en su país, donde pasó encerrado en un reclusorio, como allí llaman a ciertas prisiones. Sus fondos iniciales estuvieron relacionados con parientes de políticos del partido de gobierno y luego adquirió los canales de la televisión guatemalteca, en un caso porque sus fundadores solo los veían como empresas y en otro porque los adquirió a la esposa del dueño, a la vez representante legal. De ese monopolio comercial pasó pronto a influenciar el campo político, primero con todos los partidos, luego con dos escogidos, y finalmente hasta llegar a colocar al frente de su cadena de radios a un expariente, quien llegó al Congreso, donde es diputado tránsfuga, y hoy a punto de perder el antejuicio.

SEGÚN LAS FANTASIOSAS afirmaciones ordenadas por este individuo, cuando fui director de Prensa Libre compartí esa tarea con la asesoría a “un presidente”. La verdad es otra. En 1994 me retiré de ese cargo, de esta columna y del diario, por razones personales, participé con mucha satisfacción en la hermosa lucha cívica en contra el delincuente Serrano. Ramiro de León Carpio me contrató —legalmente, sin prestanombres, con transparencia. Lo asesoré, escribí algunos de sus discursos hasta el fin del contrato, cuando retorné al periódico. Desde entonces, mi relación con el resto de presidentes nunca ha sido amistosa, porque todos son reacios a la crítica: sigo siendo periodista independiente, por convencimiento y por voluntad.

CREO NECESARIO EXPRESAR algo más. Otra víctima de toda esta cobardía es la presidenta del Consejo de Administración de Prensa Libre, María Mercedes Girón de Blank. Nos conocemos desde niños, compartimos los valores de nuestros padres, jamás ha sido burócrata y es una señora en todo el sentido de la palabra. Nunca ha tratado de influir en la línea editorial. Como mujer merece respeto, en especial de los corruptos, indignos y sus serviles. Termino mi referencia a este molesto asunto con un mensaje a quienes se ven obligados a prestar sus voces para difundir mentiras. Lo hacen obligados para no ser despedidos, y me satisface saber de la disculpa indirecta enviada por uno de ellos. No entran en el infame estercolero de los cobardes.