Opinión

Sin fronteras

En ruinas, relaciones exteriores

Pedro Pablo Solares

Pedro Pablo Solares

Sismo. Ripio cae estrepitoso sobre el suelo. Luego, una nube polvorienta desvanece; da lugar a cierta claridad para evaluar los daños. Dormido habrá de estar quien falle en ver que es un sismo nacional el camino tomado por el presidente Morales. Un adormecimiento inexcusable —sin embargo—, como incomprensible el sueño de quien no haya despertado a las once, el jueves último, mientras la tierra se mecía inexorable en Guatemala. ¡Qué país de terremotos! Desde la colonia, sin éxito, los españoles intentaron huirles, cambiando de lugar sus ciudades. Eventualmente, descubrieron que a Madre Naturaleza no hay forma de evitarla. Cosa distinta sucede, sin embargo, con los humanos que sí —responsables de sus acciones— causan sacudidas que dañan a la gente. Hoy, se cuenta quincena desde que el ruido de un video presidencial nos despertó un domingo. La nube va bajando, y entre ruinas y escombros, divisamos que yace la cancillería.

De largo recorrido vienen protestas sobre el actuar de dicho ministerio que, mientras tuvo voceros experimentados, no estuvo tan expuesta. Pero con la intempestiva salida del canciller Morales, y con expresiones desatinadas por parte de sus altas autoridades cada vez que aparecen en público, comienza a emerger una realidad que siempre subyació en sus cuadros. Mientras antes pudimos estar muchas veces en desacuerdo con la dirección del canciller, poca duda había de que fuera un funcionario que sabía lo que pretendía, y que daba atención a las crisis. Ahora, sin embargo, da pavor observar el desajuste en los cuadros de la diplomacia nacional.

Además de lo conocido, el sismo hizo que el país perdiera a dos de sus altos funcionarios, intachables ambos, según es público y notorio. Uno de ellos, el viceministro Carlos Ramiro Martínez, un reconocido señor, de alta talla intelectual, social y humana, que imagino era una garantía institucional, una voz de conciencia detrás de las mejores acciones del canciller Morales. Y la segunda, la viceministra Anamaría Diéguez, una funcionaria honesta con décadas de carrera diplomática, y a quien injustamente —considero yo—, se le puso a cabalgar en el difícil y especializado tema consular y migratorio. De paso menciono que, según escuché, estaba a pocos días de una merecida jubilación, cuando su ética pudo más, y renunció ante la intentona de expulsar del país al comisionado Velásquez.

El vacío diplomático cae en mal momento para la población migrante radicada en Estados Unidos. Tres eventos actuales dejan evidencia de ello. Los dos primeros, huracanes. Primero Harvey que pasó hace unos días por Houston; y hoy Irma, que está previsto que entre a las tierras de Florida. Ambos lugares, altamente poblados por guatemaltecos vulnerables, y en ambos el cuerpo consular guarda penoso silencio. Y el segundo evento, la eliminación del programa conocido como DACA, que deja a miles de jóvenes guatemaltecos en un limbo migratorio. Ante esto, la inacción oficial y las recientes declaraciones de altos funcionarios, demuestran que los migrantes, como siempre se ha sospechado, son ignorados por el gobierno.

Idealmente, cabrían aquí propuestas para que el presidente salga de esta crisis: que nombre un viceministro en temas migratorios con amplia carrera consular, por ejemplo; y que dirija acciones de incidencia en el legislativo norteamericano para que promulguen legislación que supla DACA. Pero con la penosa posición ultra nacionalista tomada, no hay lugar para dichas propuestas, pues el Gobierno se aisló de las áreas de incidencia donde requiere actuar. El camino emprendido ha dejado una cancillería en ruinas y un país aislado. Solo pienso por un momento en el tema de Belice y me pregunto ¿es así como se pretendía convencer a las cortes mundiales de que nos confiaran un trozo mayor de territorio?

@pepsol