Opinión

Catalejo

Enemigos del sindicalismo

Mario Antonio Sandoval

Mario Antonio Sandoval

EL SINDICALISMO DEL PAÍS tiene enemigos internos: son los dirigentes cuyas actitudes irresponsables provocan el rechazo ciudadano. Conforme se conocen las condiciones leoninas de los pactos colectivos sindicales del Estado y la sociedad sufre los efectos de bloqueos convertidos en chantajes, insistir en hacerlos sólo se explica porque haya alguna escondida intención. Ayer fueron bloqueados tres puertos, tres carreteras, siete pasos fronterizos y el aeropuerto internacional del Mundo Maya. Los salubristas y maestros participantes causaron daños económicos calculados en 44 millones de quetzales, y cayeron en la ilegalidad con sus amenazas de quemar una aduana.

LOS PEORES DAÑOS son los puramente subjetivos, pero de efectos indudables: la pérdida de clases de los escolares, la falta de atención a la salud y la mala imagen provocada al país, representada por disminución de visitantes extranjeros. Eso no se puede reponer y tampoco es posible medir en su totalidad. A todo esto se agrega el ya mencionado rechazo ciudadano, sobre todo en los pequeños y medianos empresarios, porque se ven imposibilitados de cumplir con sus contratos y obligaciones, así como con la entrega de sus productos. La desesperación y rabia de las víctimas de tales acciones ilegales pueden convertirse en actos violentos. No entenderlo es temerario.

CUANDO HACE AÑOS SE DECIDIÓ autorizar los sindicatos de empleados del sector público, entre las principales críticas se señaló el riesgo de pactos colectivos autorizados de manera irresponsable. Esta irresponsabilidad sería de las autoridades gubernativas poco dispuestas a quedar como enemigos de los trabajadores y por ello anuentes a aceptar cualquier petición de líderes sindicales cuya meta era quedar bien con los afiliados. Ninguna de las partes se interesó, por razones distintas, en pensar siquiera no sólo de dónde saldrían los fondos ni cómo son las condiciones salariales del país.

POR ESA CAUSA NO ES exagerado calificar a quienes participaron en esas negociaciones de enemigos del sindicalismo. No puede ser bueno para la clase trabajadora nacional el rechazo generalizado a causa de los efectos negativos de exigir el cumplimiento de prestaciones desacordes con la realidad nacional. El peligro para el sindicalismo consiste en la posibilidad de acciones legales para declarar lesivos esos pactos. Si eso ocurriera, lo rechazarían muy pocas personas pertenecientes a la fuerza laboral no sindicalizada, o integrantes de sindicatos del sector privado. La irresponsabilidad de la dirigencia será la causante del descalabro del apoyo a la idea del sindicalismo, en general.

Las columnas de Marta Altolaguirre enriquecieron al periodismo nacional.

Muchas gracias, Marta

CON TRISTEZA SUPE DE la decisión de Marta Altolaguirre de terminar su valiosa tarea de escribir su columna semanal publicada cada lunes desde hace algún tiempo en El Periódico. Señala razones personales y por ello son atendibles y deben ser respetadas, pero no por eso deja de ser justo reconocer su valioso aporte a la interpretación de los temas escogidos por ella. Su participación en diversos ámbitos de la vida nacional, tanto dentro como fuera del Estado, hace de sus escritos una voz autorizada, clara, respetuosa, con fundamentos sólidos dignos de ser tomados en cuenta para analizarlos, aun en los casos cuando no coincidieran con los de uno mismo.

ESTAS BREVES PALABRAS sólo quieren manifestar un público agradecimiento por esos trabajos periodísticos. Deja su lugar para así permitir la divulgación de otras ideas, algunas similares y otras disímiles a las suyas. Era una de las columnas cuya lectura yo consideraba obligada para conocer de interpretaciones adicionales a las propias o para admirar la habilidad y la experiencia de encontrar temas cuya importancia no siempre era fácil de descubrir. En el periodismo interpretativo guatemalteco sin duda se abre un espacio difícil de llenar. Ojalá de nuevo enriquezca el pensamiento nacional con esporádicas colaboraciones. Si no es así, gracias de nuevo, Marta, y buena suerte…