Opinión

Imagen es percepción

Entre lunas y caos político vienen grandes cambios

Brenda Sanchinelli Izeppi

Brenda Sanchinelli Izeppi

Han transcurrido 152 años desde que se vio la última Superluna azul de sangre, un fenómeno de la naturaleza que desde tiempos antiguos se ha relacionado con el fin del mundo. Paralelamente y en otro contexto, para muchos el cargado ambiente político en Guatemala también es presagio de grandes cambios. Ya sea para bien o para mal, nuestro país está en un punto de inflexión donde, o nos componemos, o nos hundimos.

Vergonzoso el lenguaje del diputado Felipe Alejos cuando, dirigiéndose a otros de sus colegas, se le escucha decir en un audio filtrado a la prensa: “Nos quieren pisar”. Imagine usted el léxico tan bajo de estos funcionarios, que más que padres de la patria, parecieran jefes de una clica convocando a toda su mara para hacer de las suyas.

No es de extrañarse que con este nivel de politiqueros chapines no exista una sola institución que no haya sido salpicada con hechos de corrupción, y al no existir entes fiscalizadores de verdad y no de pacotilla, los “disfuncionarios públicos” hayan logrado empoderarse a tal punto que se sienten semidioses y han hecho de los fondos públicos una verdadera piñata.

El sistema podrido que tenemos ha permitido la corrupción gubernamental, y las mafias hoy no están para nada contentas, porque hasta hace un par de años se creían “intocables” y dueños de la finca, pero al sentirse amenazados se han reagrupado para iniciar una guerra con todo.

Aunque la corrupción en el mundo es generalizada, orgullosamente somos la única nación que ha iniciado una cruzada contra la corrupción y ha logrado poner en la cárcel a más de un ciento de funcionarios y empresarios corruptos, lo que nos coloca ya como un referente a nivel global. Desde que Cicig fue instalada en el país, ha habido una resistencia a su gestión por parte de estos grupúsculos oscuros que han tenido secuestrado al Estado y que intuyeron que tenían los días contados.

No hay que dejarse engañar por la vorágine de las redes sociales, porque lejos de una “Guatemala virtual” donde se meten a opinar muchos netceteros, existe una “Guatemala real” conformada por millones de personas que no tienen acceso a educación, trabajo, seguridad, salud y carreteras; y son las verdaderas víctimas, no solo del sistema corrupto, sino de los actores y ejecutores de este sistema.

Por otro lado está la prensa, como una fuerza de transformación social de una nación, cuyo poder radica en la libertad de expresión, para informar, opinar, denunciar y exigir cambios, acciones que son necesarias en una democracia.

El periodismo de calidad siempre es antagonista del gobierno de turno en un país y sobre todo la confrontación se torna inevitable, cuando los servidores del pueblo no trabajan adecuadamente y se enredan en casos de corrupción. Es muy común que cuando se empiezan a lavar los trapos sucios de los gobernantes en la prensa, el periodista sea considerado como un enemigo. Y los políticos, en lugar de evaluar las críticas para mejorar su trabajo, se ofenden con quienes se atreven a cuestionarlos.

En la historia de la prensa guatemalteca abundan persecuciones, asesinatos y métodos de represión perpetrados por los gobiernos para poner una mordaza a la libre expresión del pensamiento. La táctica utilizada por los gobiernos autoritarios, es descalificar a un periodista crítico y encasillarlo como enemigo, al que hay que amordazar para crear un ambiente de miedo y terrorismo.

El clima político en Guatemala se asemeja a un fin del mundo… ¡Es terrible! políticos contra la prensa independiente, intereses mezquinos de por medio, instituciones que no ejecutan el presupuesto y mientras tanto, la verdadera población —honesta y trabajadora— estancada y en espera de una solución.

imagen_es_percepcion@yahoo.com