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EDITORIAL

Erupción volcánica eclipsa al Gobierno

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Ningún gobierno había llegado a los niveles de desprestigio como los que alcanza el de Jimmy Morales, llevado al poder por un grupo de militares de FCN-Nación, ni mucho menos se había  incurrido en un injustificable derroche de recursos para buscar voces favorables entre los sicarios de las redes sociales, donde los activistas a sueldo tampoco logran atinar a quién atacar o qué defender.

Esto ha ocurrido, en parte, porque a raíz de la crisis humana desatada por la erupción del Volcán de Fuego, también quedó en evidencia la enorme impericia gubernamental y en la dirigencia de oficinas que deberían dar mayores muestras de solvencia para afrontar el enorme drama que aqueja a miles de damnificados y a centenares más que ni siquiera han encontrado consuelo para buscar a sus familiares desaparecidos.

Esta evidente incapacidad sobrepasó los niveles de lo ideológico, un detalle que incluso trastornó la campaña gubernamental contra todos sus críticos, porque esta crisis humanitaria quedó muy alejada de los credos politiqueros y, en contraste, el Gobierno ha dado muestras de enorme ineficiencia para afrontar una emergencia concreta. Basta ver el patético estado de la red vial para comprender los niveles de ineficiencia.

Lamentablemente para los guatemaltecos y sobre todo para quienes ahora viven una pesadilla, el Gobierno no parece dar muestras de comprender la magnitud del problema, ni mucho menos se perciben señales de querer afrontar semejante reto de manera responsable, pues debieron transcurrir cuatro días para que finalmente se agilizara la solicitud formal de ayuda internacional, lo cual acrecentó el desconcierto, por ser esta una crisis que, en estricto sentido, está muy focalizada en un sector reducido.

Ni siquiera la Superintendencia de Administración Tributaria tuvo la capacidad para convencer a la flamante canciller guatemalteca de abrir las puertas a la solidaridad internacional y desde Estados Unidos y otros países debieron alzarse voces de alarma para denunciar la parsimonia gubernamental. Aun cuando ya se había flexibilizado la burocracia, esta misma institución frenó durante varias horas la ayuda proveniente de los hermanos salvadoreños.

Es inevitable pensar que las precariedades de la gestión de Morales no han cesado de aumentar desde que ganó las elecciones, y lejos de darle cumplimiento a uno de sus deseos, de rodearse de gente inteligente, ha hecho lo contrario y junto a quienes lo han instrumentalizado ha copado importantes entidades con gente incapaz para cumplir con las obligaciones que los cargos demandan.

Conred es el caso más patético, cuya cúpula es el mejor ejemplo de cómo, en poco tiempo, se puede atrofiar el desempeño de una oficina, que en un país como el nuestro debería ser de máxima prioridad, con un mínimo de conocimientos específicos para lidiar con el problema de la vulnerabilidad climática nacional. Ya estamos entre las cinco naciones más vulnerables del mundo a los desastres ambientales y Morales no ha mostrado la menor preocupación al respecto.

Esta crisis ambiental, la primera de este gobierno, ha sido suficiente para desnudar la incapacidad, el clientelismo y la irresponsabilidad en la designación de funcionarios que no reúnen las cualidades indispensables para comprender lo que es vivir en un territorio vulnerable.