Opinión

EDITORIAL

Exabruptos y correctivos

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Tres magistrados de la Corte de Constitucionalidad devolvieron ayer un poco de normalidad al panorama político-institucional de Guatemala, al emitir un fallo definitivo de rechazo a la decisión del presidente Jimmy Morales en su afán por expulsar al jefe de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala, Iván Velásquez.

Cuando se leen los argumentos contenidos en la resolución de la CC no puede más que calificarse de errada, casi vergonzosa, la iniciativa presidencial y de una verdadera chambonada la actuación de sus principales asesores y de quienes lo instigaron a encabezar un proyecto condenado al fracaso y que ha puesto muy mal al país en el extranjero.

Ningún argumento fue creíble porque desde el mismo inicio los rumores apuntaban en la vía en la que finalmente desembocaron los acontecimientos. Ante el fracaso del mandatario en la sede de la ONU, todavía fue presa fácil de quienes lo instrumentalizaron para arremeter contra un proyecto que ha demostrado esfuerzos contra la corrupción.

La CC, además, fue enfática en su resolución al afirmar que el presidente no puede volver a declarar non grato a ningún funcionario de la Cicig, mucho menos invocar la Convención de Viena, porque la ONU no es un Estado y, en consecuencia, cualquier diferencia de criterio sobre el funcionamiento de la oficina anticorrupción debe ser abordada con ese organismo.

Sin embargo, en el desatino gubernamental el mandatario no está solo y ayer se pudieron conocer muchas caras de quienes afirmaron apoyarlo, durante un evento organizado en la Asociación Nacional de Municipalidades (Anam), a donde acudieron varios alcaldes a manifestarle su respaldo, con lo cual evidenciaron de qué lado de la historia se han colocado.

El mayor exabrupto de esa reunión lo protagonizó el alcalde Álvaro Arzú, quien arremetió contra los críticos hacia la poca transparencia en la administración pública y lanzó otra de sus desafortunadas declaraciones al afirmar que así como firmó la paz, podría hacer la guerra, mientras el país se debate en una polémica entre detractores y defensores de los esfuerzos anticorrupción.

El evento fue organizado por el actual presidente de la Anam, Edwin Escobar, alcalde de Villa Nueva, quien ha instrumentalizado esa institución no porque sea un habilidoso político, sino porque se hace acompañar de otro grupo de jefes ediles con quienes comparte mezquinos y oscuros intereses. Él es otro de los mayores tránsfugas de la política, al haber empezado su carrera con el partido Creo, luego lanzarse a los brazos del Patriota, y después al desaparecido partido Líder. Esa solidaridad hacia el presidente le abona más desprestigio.

Este nuevo y desafortunado suceso obliga a hacer un recuento de daños y seguramente en más de un lugar se profundizarán las investigaciones, no solo para indagar sobre el desatino del Ejecutivo, sino también porque Guatemala habría incurrido en una enorme falla en su compromiso con la comunidad internacional de fortalecer la lucha contra la corrupción, lo que tendría consecuencias insospechadas.