Opinión

Con nombre propio

Extradiciones y omisiones

Alejandro Balsells Conde

Alejandro Balsells Conde

El Zar antidrogas de los Estados Unidos William Brownfield reconoció la labor de Mauricio López Bonilla cuando fungía como ministro de Gobernación. Este reconocimiento no es baladí, ahora una Corte promueve su extradición para ser juzgado por narco. Conforme noticias de prensa, López Bonilla ordenaba la custodia de cargamentos de droga y sin ser expertos en la materia es fácil suponer que estos furgones entraban a México, también cundido de narcos, por la puerta grande para llegar a los Estados Unidos y así ser distribuido “el producto” por una de las mejores logísticas existentes que permite repartir droga por todas partes. Estados no tan importantes como Utah, Nebraska e Idaho, están bien proveídos como Texas, California y Nueva York.

La lucha contra la corrupción en Guatemala puede comprenderse desde distintas perspectivas y vemos una fuerte tendencia para deslegitimar los esfuerzos con el objeto de ideologizarla; sin embargo, que el Partido Patriota gozó hasta semanas antes del escándalo con un grandísimo apoyo urbano capitalino y de la élite empresarial y profesional es innegable. Por eso, al tener ahora dos reclamaciones de Estados Unidos por narcotráfico en contra de notables figuras, sí nos debe hacer ver el sótano en donde estamos, pero sobre todo la pérdida de guía para salir del hoyo.

Roxana Baldetti, primera vicepresidenta, reclamada por fungir como vulgar narcotraficante, y ahora Mauricio López Bonilla, una persona con una notable hoja de servicios dentro del Ejército, es vinculado al trasiego vulgar de drogas. Otto Pérez, un general reconocido dentro del Ejército y fuera de él, exdiputado, excolumnista de prensa, exjefe de inteligencia y quien sin lugar a dudas manejaba un andamiaje de información, ¿estaba o no enterado de lo que hacían sus dos manos derechas?

El problema del narco es más grande de lo que aparece en las noticias. El narco compra voluntades, instituciones y, como vemos, países. Las series de Netflix quedan cortas cuando nos imaginamos al propio ministro del Interior ordenar a la Policía Nacional Civil la custodia de camiones cargados de droga. ¿Cómo estarán los mandos altos y medios de la PNC y del Ejército si al más alto nivel se operaba con esa impunidad? ¿Qué coordinaciones existían con la Policía y Ejército mexicanos?

Otto Pérez llegó a la presidencia con una promesa de seguridad, y la capital fue su principal bastión porque en aquel momento muchos pensaron que un “militar moderado” podía liderar el combate del crimen, pero pasó lo contrario porque el país se alió a fuerzas delictivas internacionales.

La vergüenza institucional es inmensa, haber sido gobernados por narcos no es condecoración para llevar con orgullo, pero también debe obligarnos a reflexionar de lo pobre que es la lucha de Estados Unidos frente al trasiego de drogas. Hoy recomiendan y admiran a quien está en el poder y luego exigen su extradición. Ese país cuenta con uno de los mejores sistemas de inteligencia del mundo pero reparte “recomendaciones” por motivos diplomáticos.

Ojalá que así como los Estados Unidos pide la extradición de funcionarios en estos países tropicales, pudiéramos ver que le entra al combate de la red de distribución de droga en su propio territorio y a la extinción de fortunas blanqueadas en sus bancos. Para nosotros hay mucha carga, es innegable, pero la omisión allá, donde el consumo es voraz y cada vez mayor, es ridícula y patética.

Estar a las puertas del mayor mercado de drogas del mundo es nuestra mayor amenaza y, por lo visto, a los gringos también les fascina combatir efectos y callar sus propias causas.

@Alex_balsells