Opinión

Cable a tierra

Filgua descentralizada: la visión a futuro

Karin Slowing

Karin Slowing

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Filgua Karin Slowing

Cada vez hay más alternativas en Ciudad de Guatemala para tener una intensa y continua actividad cultural: exposiciones, talleres, conferencias, presentaciones de libros, ferias, gastronomía variada, cine, teatro, conciertos de las más variopintas corrientes musicales, se suceden una a otra casi día a día. Es un avance, comparado con lo que solía ser la oferta cultural hace unos 20 años.

No obstante, esto no significa necesariamente que se haya ampliado de la misma manera el acceso efectivo de la gente a dicha oferta. Esa posibilidad depende, como casi todo en Guatemala, de la capacidad que cada quien tiene para dedicar parte de su presupuesto al consumo de bienes y servicios culturales, considerando, además, que el apoyo estatal al desarrollo de las artes y la cultura en Guatemala es ridículamente minúsculo y no constituye una prioridad política, mucho menos reconocer el papel de las artes en el desarrollo humano. Eso, a pesar de que nos ufanamos todo el tiempo sobre el inmenso patrimonio cultural e histórico que heredamos.

Con honrosas excepciones de personas que perseveran dentro del Ministerio de Cultura y Deportes (Micude) e intentan impulsar las artes y la cultura desde sus pequeños nichos y espacios institucionales, los artistas y promotores culturales en Guatemala salen adelante por sí mismos o están a merced del apoyo que puedan movilizar de parte de embajadas, organismos internacionales y filántropos, aunque a muchos les duela la “injerencia extranjera”.

Nada de esto sorprende. Lo que sí llama la atención es que tampoco parece haber mucha comprensión y reconocimiento de que el fomento de la cultura, y de la producción de bienes y servicios culturales, puede ser un motor económico para el país. Es allí donde se incrementa la importancia de un evento como el que comienza mañana en Forum Majadas, zona 11 de la Ciudad, la feria internacional del libro de Guatemala (Filgua). En ese encuentro entre casas editoras, librerías y escritores con bibliófilos consumados y medianos, así como con los que muchos aspiramos sean nóveles promesas en el vicio de leer, se conjuga también la práctica de una actividad económica que debería potenciarse en todo el país.

Un gran desafío de la Filgua a futuro es avanzar aceleradamente hacia la descentralización de las ferias, y que cada año haya más Filguas por todo el país. Este año, por ejemplo, pude asistir a la Feria del Libro en Xela, y ya sabemos todos que se boicoteó la Feria del Libro en la Antigua, por la decisión que tomara la Municipalidad de que no se realizara en el parque, decisión que protestamos públicamente, por absurda.

El otro elemento es el fomento de las iniciativas comunitarias de lectura y, en particular, de bibliotecas comunitarias. Si los libros no llegan a la gente, no llegan a la niñez en particular, y se fomenta de manera regular la lectura donde vive la gente, la pasión por la lectura nunca prenderá, mucho menos se comprenderá como bien cultural. En ese marco, aprovecho para destacar y reconocer la labor que hace la biblioteca comunitaria Bernardo Mendoza, en Purulhá, liderada por una magnífica mujer, Brenda Lemus, que ha dedicado su vida a llevar la lectura a la niñez de ese municipio. Su experiencia puede ser el punto de partida para el diseño de toda una política de bibliotecas comunitarias a lo largo y ancho del país.

Este año, la Filgua está dedicada a Miguel Ángel Asturias, a 50 años de que se le confiriera el Premio Nobel de Literatura, el segundo latinoamericano premiado con dicho galardón y merece ser bien celebrado. Espero que aparten tiempo para aprovechar a visitarla y disfrutarla.