Opinión

Punto de Encuentro

¡Fuerza Honduras!

Marielos Monzón

Marielos Monzón

Se consumó el fraude. Tras una semana de “recuento” de votos en la que el tribunal supremo electoral (así con minúsculas) hizo de todo para beneficiar al actual presidente hondureño, Juan Orlando Hernández (JOH), ayer por la mañana se anunció su reelección que, por cierto, está prohibida por la Constitución de su país.

Después de que un polémico fallo de la Corte Suprema de Justicia le permitiera inscribirse, estaba claro que Hernández haría lo que fuera para garantizar un segundo mandato, aunque eso implicara, además de la violación constitucional, el desconocimiento de la voluntad popular y la ruptura de las más elementales normas democráticas.

Se ve que JOH y su camarilla habían terminado por creerse los pronósticos de las encuestas amañadas que le daban como claro ganador de los comicios, y que ante la inminencia del triunfo electoral del candidato de la Alianza de Oposición a la Dictadura, Salvador Nasralla, tuvieron que echar mano de burdas maniobras –incluyendo apagones de luz, caída del sistema de cómputo, suplantación de boletas, retrasos inexplicables en el conteo de votos, infiltración de las protestas pacíficas- y, lo más grave, la implantación de un estado de sitio y toque de queda, en un intento desesperado por terminar con las multitudinarias movilizaciones que reclaman el respeto a la voluntad popular expresada en las urnas. Producto de la represión van ya 11 muertos y cientos de heridos y capturados.

Por supuesto que Hernández no está solo en esto. No habría conseguido participar como candidato y mucho menos llevar adelante el fraude, si no contara con la complicidad y apoyo de la autoridad electoral y, como no, del ejército y la oligarquía hondureña, que controla también los principales medios de comunicación. Ni que hablar del soporte que le brinda la embajada de los Estados Unidos, un aliado imprescindible para que estas cosas sigan sucediendo en nuestros países, a los que continúan considerando –y nosotros lo permitimos- su patio trasero.

Hay que recordar además que, en 2009, el entonces presidente Manuel Zelaya fue derrocado y que los golpistas adujeron como razón principal, la decisión del mandatario de convocar a una consulta popular sobre el tema de la reelección presidencial. En ropa de dormir y desde la base militar estadounidense de Palmerola, Zelaya fue expulsado de Honduras.

Por eso a nadie le extraña el comportamiento de las misiones de observación electoral –en especial la de la OEA- que frente al evidente robo guardan un silencio cómplice, y llaman a respetar los resultados. A estas alturas, la prematura llamada telefónica de Jimmy Morales para felicitar a Hernández viene siendo un detalle grotesco de un ampliado pacto de corruptos.

Pero en el medio de este panorama que nos recuerda las peores épocas de la represión y las dictaduras militares del Continente, el pueblo de Honduras nos da, por lo menos, dos lecciones imprescindibles. La primera fue la conformación de un frente amplio como herramienta política para alcanzar el triunfo en las elecciones y empezar a cambiar el destino de su país. La unidad como respuesta para enfrentar a la derecha golpista y a los sectores del estatus quo que tienen sumida a Honduras en la pobreza, la violencia y la corrupción.

Y la segunda, la valentía de un pueblo que a pesar de la represión y de la violencia como respuesta del Estado a la protesta social, sigue de pie movilizándose para defender la democracia y su voluntad soberana expresada en las urnas y en las calles: ¡Fuera JOH!