Opinión

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Funcionarios con doble moral

Brenda Sanchinelli Izeppi

Editorial

Imagine que por azares del destino, usted tuviera que ir a juicio y ser juzgado por una persona como Blanca Stalling. Sería su peor pesadilla, porque caer en manos de alguien cuya honorabilidad está en entredicho, una persona incoherente, que luce fuera de control, creyendo que puede burlarse de la justicia, usando lentes y peluca para escabullirse de la Policía, andar armada amenazando a las autoridades y amagar con un suicidio. ¡Qué terrible escenario!

La captura de la magistrada Stalling —quien encarna la decadente realidad del sistema— dejó al desnudo la baja calidad moral y forma de actuar de muchos funcionarios públicos. Al parecer, la señora ha visto muchas películas de ladrones y detectives, que la hacen vivir en un mundo paralelo de fantasía, donde ella cree ser una súper heroína, que está incluso por encima de la Ley.

Hasta hoy, los ex funcionarios públicos que están detenidos siguen hablando altaneramente, con sonrisa sarcástica y afirmando que son inocentes, que “todo es un complot” de la Cicig contra ellos. A pesar de las pruebas, estas personas de doble moral creen que pueden seguir mofándose del sistema.

La imagen de Stalling hoy está desprestigiada, pero no debe olvidarse que por años fue una funcionaria con mucho poder, que operaba a su gusto y antojo dentro del sistema de justicia, que ha sido repetidamente ultrajado no solo por ella, sino por personas dentro de ese gremio, que con su denigrante actuar han provocado escándalos que desvelan la podredumbre de un órgano en descomposición total.

Quienes vieron este tipo de noticia en el exterior deben haberse burlado de Guatemala y creer que tenemos una argolla en la nariz, que somos ignorantes o incapaces de elegir personas de calidad y prestigio para un puesto tan importante.

Porque la realidad es que, si permitimos que personas de un nivel tan bajo tengan la autoridad en sus manos, entonces quiere decir que somos “ignorantes”, “ciegos” o “cómplices de ellos”.

El problema es que existe un sistema que coloca a estas personas en el poder. Yo nunca elegí a Stalling como magistrada, y estoy segura de que usted tampoco. Entonces, ¿quién la pone allí?

Mientras existan funcionarios que consideren que su puesto dentro del Gobierno es su “negocio propio”, o sea una fuente de ingresos fáciles para enriquecerse ilícitamente, hacer su voluntad particular incluso por encima de la Ley, traficar con influencias para beneficiar nepótica o comercialmente a quien les plazca; entonces, difícilmente podrá erradicarse la corrupción de este país.

Es evidente que el Poder Judicial está en la peor crisis de su historia, por lo que la lucha contra la corrupción no debe detenerse. Por ahora el mensaje está claro, nadie está exento del imperio de la Ley.

El reto que enfrenta la justicia guatemalteca, después de todos los señalamientos a jueces y magistrados en escándalos de corrupción, es erradicar las causas que generan este cáncer. Las cosas no pueden cambiar si seguimos haciendo lo mismo.

En general se percibe un clima de inestabilidad, la clase política está altamente desprestigiada. Exceptuando pocos funcionarios, la mayoría son percibidos como corruptos, sin importar si pertenecen al Ejecutivo, Legislativo o Judicial; por lo que diversos sectores sociales están de acuerdo con que es necesario que haya un cambio en el sistema político.

Hasta hoy se ha estado depurando lentamente el sistema, pero el mayor desafío consiste en romper con el modelo obsoleto que tenemos, fundamentado en la corrupción e impunidad. No es suficiente mandar a algunos a la cárcel, si la mayoría sigue operando con tranquilidad dentro de los propios poderes.

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